La película comienza como podría empezar un documental cualquiera sobre cualquiera de las ciudades maravillosas, más grandes que la vida misma, que en el mundo son. La película empieza diciendo que 72 pueblos, 70 más dos, han cruzado a lo largo de la existencia del ser humano el puente sobre el Bósforo. 72 pueblos, 72 huellas, 72 legados. Luego prosigue el film recordando que fue Confucio quien dijo que para conocer a un pueblo debíamos escuchar su música.
Después de eso, Cruzando el puente, la película soñada por el director de Contra la pared y por el compositor de su banda sonora, explota en mil sonidos diferentes mientras culebrea por las calles y las plazas de la eterna capital del imperio otomano, del imperio bizantino. Mestiza, incierta, caótica, seductora, maliciosa, lujuriosa como Estambul misma, Cruzando el puente huele a hip hop y sabe a balada enamorada. Pasa por el rock, llega a Pink Floyd, avanza, retrocede, se retuerce, no desprecia el pop más hermoso, el de la gran estrella Sezen Aksu, y se cuelga, se engancha, de las palabras y los aromas que destila la canción bellísima recitada por una hermosa dama kurda, Aynur, canción interpretada entre las paredes soberbias de un haman turco.
Cruzando el puente no es sólo pura música milenaria, contemporánea, futurista, sino que se crece como cine intensísimo porque, por ejemplo, también juguetea con restos soberbios de viejos estrenos turcos de los años 70 y rebasa cualquier obstáculo para la grabación sonora. El compositor Alexander Hacke se acercó a Estambul con un equipo móvil y mágico de grabación, experimentó con el sonido, hizo de bajista para un grupo increíblemente sicodélico, los Baba Zula, y logró una banda sonora impresionante, callejera, vanguardista y melódica.
Cruzando el puente huele a kebah del bueno y suena a cine del bueno. Sabe lo que quiere contar, lo que quiere hacernos oír, y lo consigue creando al mismo tiempo una imagen de ciudad que, tal como luce aquí, puede permitirse el lujo de competir con Londres, Berlín o Barcelona. Es una película intensa, densa, vigorosa, que puebla de sonidos e imágenes la sala 8 de los Príncipe.