Resulta increíble lo que puede echarse en falta un edificio. El de los cines Astoria lleva meses siendo un vacío, pura ausencia. Entre grúas y ruidos queda al aire nuestro recuerdo de lo que hubo.
La desaparición, aunque sea temporal, de un edificio, afecta a todo cuanto le rodea. La tienda de chuches que hacía pared con pared con el desaparecido cine parece extrañamente vulnerable. La demolición ha dejado a la vista, casi a la intemperie, algunas ventanas de la manzana de atrás. Siempre quedaron escondidas en el patio interior y ahora se asoman como vergonzosas a la calle, con vistas al solar en construcción, al vacío.