En el cuarto gol de España, la sentencia definitiva ante Ucrania, Carles Puyol se fue en busca de la aventura y acabó protagonizando una jugada memorable en la que, para sorpresa de todos, incluyó una 'roulotte' que hubiese firmado el mismísimo Zinedine Zidane en sus mejores tiempos. El recio central del Barcelona, sin embargo, se tomó a rechifla las comparaciones que surgieron con el astro francés. «Por favor, no me comparéis con Zidane. A mí me ha salido una vez. Igual vuelvo a hacerlo y me caigo», declaró, entre risas, en la concentración de Kamen.
Y es que el defensa azulgrana siempre se ha caracterizado por la humildad. Nunca quiere que los elogios recaigan sobre su persona. Puyol prefiere que sus compañeros sean los protagonistas. Además, rompe algunas teorías futbolísticas mantenidas por un grupo de entrenadores.
Su voracidad en el terreno de juego está fuera de toda duda. Le da lo mismo haber ganado la Liga de Campeones y la Liga esta temporada. No conoce el significado de la palabra relajación. Para él cada partido es el último, una final. Su demostración física, técnica y táctica del pasado miércoles en Leizpig ha llegado a todos los rincones del universo futbolístico.
Un gran altavoz
El altavoz de la Copa del Mundo tiene esta capacidad. Los jugadores y técnicos que se entrenan con él saben que la ese remolino previo al cuarto tanto del combinado nacional lo suele hacer a menudo y los que religiosamente acuden al Camp Nou cada día de partido también saben que Puyol es así. Ni más ni menos.
Así lo destaca Juan Antonio Camacho. El técnico que le dio la oportunidad de debutar con la selección española en Sevilla contra Holanda hace casi seis años, el 5 de noviembre de 2000. «Fui el primero que le puso de central en la élite. Es un comodín defensivo, que sabe jugar al fútbol mucho más de lo que la gente cree. El mejor Puyol se expresa más cerca del área contraria que en la suya. En el otro se arriesga más porque su sentido de la responsabilidad se lo prohíbe», resume el ex seleccionador nacional.