Ousmane Ndiaye tiene muy claro que volverá a su país algún día. «Si llego aquí a la jubilación, tan pronto como pueda volveré a Senegal, a estar con mi familia. Si llega el caso, regresará con su esposa y me gustaría que mis hijos vinieran conmigo, aunque no puedo decidir por ellos. Mi obligación es ofrecer a mis hijos la financiación para sus estudios. Una vez que sean mayores...», reflexiona en voz alta.
Su verdadero sueño es volver. La respuesta a la pregunta es inmediata. ¿Pero cuándo, en qué condiciones? Ousmane tarda más tiempo en contestar, o quizá le cuesta desvelarlo, pero su ilusión es «disponer de los recursos para regresar a Senegal y poder vivir con su familia de un negocio propio que les dé prosperidad». Sigue pensando, sonríe y confiesa que «me gustaría tener un negocio inmobiliario».
El afán de superación de este senegalés lebou -la etnia de los pescadores costeros de su país- es su arma fundamental. Carácter y virtud que comparten los suyos. Aissatou Gueye está superando su analfabetismo (el 70% de las mujeres senegaleses no saben ni leer ni escribir) con el inconveniente de compatibilizarlo con su trabajo y las labores del hogar. Mientras, Oumar se esfuerza en enseñarle a su hermana el «bat, bi, hiru...».