Esto del fútbol, que también invade nuestra ciudad, tiene cosas raras. Extraño se hacía estar en el self-service de la UPV en Ibaeta y, en los prolegómenos del partido, oir a todo volumen el chunta-chunta (alguien debiera actualizar la letra del himno español).
Raro era que un grupo de treinta jóvenes (entre ellos, sólo tres jóvenas) moviese sillas y caldease el ambiente con bromas y debates ante el televisor. Que en un centro educativo hubiera quien fuese capaz de repasar los apuntes de un examen y. con el rabillo del ojo, seguir la última internada. Menos mal que Xabi Alonso daba una alegría, permitiendo que todo aquello no resultase tan raro.