Jueves, 15 de junio de 2006
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Cultura
Una rosa que nunca marchita
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La última vez que bailó sobre un escenario contaba 71 años. El año pasado, al cumplir 80, bailó flamenco con Joaquín Cortés en el Kremlin. A punto de cumplir 81, Maya Pliséstskaya luce palmito con orgullo y su cabeza está tan saludable como su cuerpo. ¿Cuál es el tuco? le pregunta una joven bailarina. «Cuidarse y hacer las cosas con amor y pasión», responde la octogenaria bailarina y coreógrafa, que al final de cada representación se cuidaba de las docenas y docenas de rosas arrojadas al escenario y de las que invadían su camerino. «Yo misma las llevaba a casa y las cuidaba. Cortaba los tallos y cambiaba el agua. Se abrían y lucían toda su belleza, hasta que acababan marchitándose. Perdían su fragancia, pero siempre había una que mantenía su aroma».



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