No, no el pufo de Dan Brown, sino el otro código, el de autorregulación. Hace algo más de un año, las cadenas firmaron con el Gobierno un código para poner coto a los excesos de la pantalla. La tarea iba a centrarse en la vigilancia del horario infantil (de seis de la mañana a diez de la noche) y se ponía bajo el control de una comisión integrada por las cadenas, la Administración y los usuarios. Ahora, el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, ha presentado el primer informe de evaluación sobre aquellos compromisos.
Los resultados son extremadamente satisfactorios: 124 reclamaciones presentadas, que son muy pocas, de las que sólo se han aceptado 12, que son menos aún. Las causas de reprobación admitidas son las siguientes: lenguaje inadecuado, actitudes agresivas, discriminación en razón de sexo y referencias sexuales inadecuadas. Los programas más denunciados son 'La buena onda', 'Aquí hay tomate', 'A tu lado', 'Aventura en África', 'Gran hermano' y 'Escuela de sicarios'. Pregunta: ¿De verdad pretenden hacernos creer que en el último año sólo ha habido 12 vulneraciones del Código de Autorregulación, y sólo en los programas citados?
Cualquier crítico de televisión sería capaz de señalar una docena semanal y en programas distintos a los citados. Nos dirán que esas son las denuncias presentadas. Bien: presentadas ¿por quién? Aquí es donde está el truco. En realidad quien ejerce la vigilancia no son los propios canales, ni las asociaciones de usuarios ni el Gobierno, sino que el que tiene que hacer denuncias es el público, en cuyas espaldas se hace descansar la carga de la prueba. O sea, que las cadenas se autorregulan, pero sólo si alguien ajeno a la comisión les incita a ello mandando un mensaje a una página web. Eso no es autorregulación, sino heterorregulación, o sea que te regulan desde fuera. Y puestos a heterorregular, convendría que se conociera el rostro del regulador; más que nada, para asegurarnos a todos que existe una regulación real y no un simple intercambio de declaraciones satisfechas entre los agentes del proceso. Porque esto huele a tongo.