Martes, 13 de junio de 2006
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CRÍTICA DE TV
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Ayer lunes, se dio una nueva demostración de cómo determinados programas de televisión son capaces de dedicar una cantidad escandalosa de segundos a la ausencia total de noticias y de información. Transcurría todo en 'Aquí hay tomate', en la sobremesa de Telecinco. Martínez de Irujo se había acercado a un palacio de justicia a ejercer sus derechos o sus deberes como ciudadana. Una cámara esperaba apostada en la puerta. En cuanto apareció ella, acompañada de alguien, quizá su abogado, un joven con un micrófono comenzó a seguirlos. La cámara fue testigo de que ella no estaba dispuesta a decir nada, pero nada de nada, ni siquiera desvió un segundo la mirada de su horizonte. Como los reporteros no podían entrar en el palacio de justicia, desde la puerta dejaron ver el movimiento de introducir el bolso en un escáner y pasar por el arco detector de metales.

A la salida, allí seguían cámara y micro, y volvió a repetirse la escena. Los siguieron, ellos no soltaron sino unos monosílabos y a otra cosa, mariposa. Lo verdaderamente sorprendente no es que un reportero insista en conseguir unas declaraciones de alguien. Son muchas las veces en que un periodista persigue una noticia ante la cerrazón de quien puede facilitarle la información. Lo que carece de sentido es que no se obtenga nada y el tratamiento sea exactamente el mismo que si el personaje hubiera hablado.

La audiencia puede ser informada de que el medio ha intentado lograr unas declaraciones y no lo ha conseguido, por múltiples razones, porque no ha logrado dar con quien era buscado o porque éste tiene la boca sellada. Esa información se suministra en cinco palabras. Es muy dudoso que en esas circunstancias el tiempo que se le dedique sea exactamente el mismo que si el personaje hubiera hablado como un charlatán de feria. Además de que esas imágenes nada dicen y, a duras penas, sirven para llenar un espacio de televisión, el reportero se enseñorea y se transforma en el objeto noticioso. Puede tener su sentido: necesitan darse a conocer no tanto a los espectadores como a sus víctimas.



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