Van de la mano, en este caso sin cuerda, unidos de dos en dos o de tres en tres. Forman una larga fila que se mueve a saltitos, se apelotona o se estira de súbito. Tres monitores, dos chicas y un chico, se ocupan de que la fila infantil avance. A ellas les queda como más natural, pero a él le sale la vena de pastor, con unos gritos breves y gestos directos hacia el alborotado rebaño.
Son los pastores de estos corderitos humanos de todos los colores, que corretean y disfrutan del entusiasmo del momento, para quienes cruzar un paso de cebra de la avenida de la Libertad resulta toda una expedición.
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