Martes, 13 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
CRÍTICA THE KING
Espesa es la venganza
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LOS DATOS
Título: The King (Estados Unidos, 2005). Dirección: James Marsh. Guión: Marsh, Milo Addica. Fotografía: Eigild Bryld. Música: Max Avery. Intérpretes: Gael García Bernal, William Hurt, Pell James, Laura Harring. Duración: 109'. Cine de estreno: Trueba (V.O.S)

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La película despide desde el primer momento una fragancia malsana, un perfume oscuro, que tensiona al espectador curtido en detectar olores, presencias, texturas, de celuloide ácido y artero. En realidad, nada especial sucede: un muchacho se licencia de la Marina. Va a emprender viaje de regreso a ninguna parte. No pasa nada. Mil películas han comenzado así en la Historia del Cine. Pero son un par de detalles, de destellos: el chaval mete en el petate su rifle. No estamos acostumbrados a que los soldados de las películas se licencien y se vayan con el arma puesta. Un par de pinceladas: cuando sale por el puente de su barco se niega a saludar a la bandera de las barras y estrellas. Poco a poco, los músculos de celuloide del espectador se tensionan más y más. Unas imágenes después, el muchacho paga a una prostituta por una sesión de sexo rápido. Nada que objetar pero no es, precisamente, lo que se espera del protagonista de una película que gire, por ejemplo, en torno a la lucha que un chico chicano recién licenciado emprende para conseguir su lugar cercano al sol.

Pero es que El rey no va de eso. The King es un filme malvado, malsano, maligno, utilizadas todas esas palabras en el más preciso y preciado sentido del buen cine. Una película pestífera, densa, espesa. Es densa su sed de venganza. Son espesos sus sentimientos de amor, odio, salvación y religiosidad animada con palmas y a ritmo de un rock parecido al pop dulzón de Amo a Laura. Puede que esta primera película de James Marsh desbarre y derrape en alguna de las muy terribles curvas de ese guión firmado por quien escribiese el de Monster´s Ball. Puede, pero importa más bien poco. El espectador ya lleva mucho tiempo nadando a contracorriente en un filme que le tiene atrapado, cogido por la médula, las entrañas y los ojos. El rey pudiera ser un Lynch menor. Bajo una superficie tranquila, clásica, en absoluto deformada, flotan excrecencias de muerte, desesperación, horror y amor. The King te jala hacia abismos donde la gente sufre, ama, muere y mata. Es la América profunda. La de tantas y tantas historias. La de tanto cine y tanta muerte.



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