Lunes, 12 de junio de 2006
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Cultura
El trabajo inicial se ve compensado por las ventajas que obtienen los usuarios
Incorporarse a la red exige cambiar códigos y tejuelos, adaptar el sistema informático y asumir nuevas tareas El nuevo funcionamiento no cuestiona la autonomía
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SAN SEBASTIÁN. DV. Probablemente, cada bibliotecario tenga su propia opinión acerca de las ventajas e inconvenientes que ha supuesto incorporarse a la red de bibliotecas en línea, pero en el caso de los responsables de las bibliotecas de Hondarribia y Aia las ventajas predominan sobre los inconvenientes. Sólo se representan a sí mismas pero, al mismo tiempo, pueden ser representativas del impacto que ha tenido el nuevo modo de funcionamiento en una biblioteca mediana como la de Hondarribia (30.000 volúmenes, 4.000 usuarios) y en pequeña como la de Aia (8.000 volúmenes, 200 usuarios).

La biblioteca de Hondarribia se incorporó a la red hace poco más de un año. La valoración general de su responsable, Kote Gebara, es bastante rotunda: «Estamos muy contentos, está dando buenos resultados». Las ventajas son fáciles de enumerar: «El hecho de que se catalogue en común y de que haya grupos de trabajo que lo hacen es muy interesante. Por un parte, se homogeneiza y la catalogación es más estricta y completa. A los bibliotecarios nos ahorra el trabajo de catalogar las nuevas entradas, porque por lo general ya está hecho, y ese es un tiempo que podemos dedicar a otras tareas». Algunas de las pegas proceden también de este ámbito más relacionado con el trabajo interno que el usuario no percibe directamente, ya que en opinión de Kote Gebara el catálogo «debería depurarse un poco más».

En Aia, la biblioteca está integrada en todos los sentidos, no sólo en el físico, en la casa de cultura, «el principal lugar de encuentro del pueblo» en palabras de su coordinadora Eli Lasa, para quien la biblioteca es una más de sus ocupaciones. La incorporación a la red -«al entrar tarde hemos tenido ventajas, porque el sistema estaba ya rodado y testado»- ha coincidido en el tiempo con un cambio radical: nueva casa de cultura, nueva biblioteca, inicio de la informatización, todavía sin terminar... «Puede decirse que hemos partido de cero», indica, reconociendo que integrarse en la red les ha facilitado muchos las cosas. «Hasta ahora lo hacíamos todo a mano y solos, ahora podemos aprovechar, por ejemplo, el trabajo de catalogación que hacen otros».

Ninguno oculta que dar los primeros pasos requiere mucho trabajo, empezando por tareas tan mecánicas como cambiar las etiquetas que contienen los códigos de barras y los tejuelos de los libros y otros soportes con una presencia cada vez mayor en las bibliotecas. En Hondarribia ya han superado esa fase. En Aia están en ello, y Eli Lasa cuenta con la colaboración de sus mejores ayudantes: los niños y niñas del pueblo que no sólo «ven la biblioteca y la casa de cultura como algo suyo» sino que arriman el hombro a la hora de trasladar libros, quitar y poner etiquetas...

Ambos afirman que las ventajas que obtienen los usuarios compensan el trabajo inicial, y valoran muy especialmente las que ofrece el préstamo bibliotecario. «El servicio funciona muy bien -afirma Kote Gebara- nos permite tener una oferta mucho más amplia sin tener que comprar forzosamente un libro que nos ha solicitado un usuario y que, tal vez, no vuelva a pedirse en muchos años». El usuario tiene el libro que desea al cabo de dos o tres días, y la biblioteca no sólo se ahorra unos euros que puede destinar a otras compras de más interés sino que ahorra algo tal vez más importante que el dinero: espacio. Los libros se envían por correo, con cargo a la biblioteca de origen, y en muchos casos es el propio bibliotecario en que tiene que ocuparse de todos los trámites, pero también en este caso el resultado compensa el esfuerzo.

Y disponer de una especie de gran fondo común no pone en cuestión la autonomía de cada biblioteca a la hora de planificar sus compras. Al fín y al cabo, cada bibliotecario conoce a sus usuarios, y son ellos los que con sus peticiones y sugerencias -todavía son pocos los que lo hacen por internet- van conformando su biblioteca.



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