En estos días de cielo azul, de firmamento despejado, el buscador de conchas les reta al juego de buscar la línea. En vez de aquello de dónde está Wally, dónde está la rayita.
Situados en algún espacio abierto donostiarra, en cualquier momento del día, parece imposible mirar hacia arriba durante más de cinco minutos sin advertir tres, dos o por lo menos una de esas líneas blancas que dejan trazadas los aviones sobre el azul. Siempre hay alguna, que los niños descubren rápidamente y los adultos un momento después. El firmamento donostiarra está rayado. Y eso que tenemos un aeropuerto chiquito...