Domingo, 11 de junio de 2006
 Webmail    Alertas   Boletines     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

EDICIÓN IMPRESA
MÚSICA
El día perfecto de Lou Reed en Azkarate
Pocas horas después de cerrar su concierto en Madrid con la mítica 'Perfect Day', el neoyorkino pasó su día perfecto junto al monte Balerdi. He aquí las razones de esa elección y la crónica de esa visita
El día perfecto de Lou Reed en Azkarate
Jonan Ordorika, Fernado Saunders, Lou Reed, el maestro Ren y Czelsko McMullen, junto a los montes de Azkarate.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

SAN SEBASTIÁN. DV. El pasado fin de semana, Lou Reed ofrecía sendos conciertos en Barcelona y Madrid. Esta vez no estaba incluido el País Vasco en la gira. La siguiente plaza era en Inglaterra, en el festival Isle of Man. Pero en medio quedaban tres días libres. Fernando Saunders, bajista y mano derecha de Lou Reed durante las dos ultimas décadas, pensó en aprovechar esos días sin concierto para ir a visitar una vez más a su amigo Jonan Ordorika en la localidad navarra de Azkarate, donde el técnico de sonido tiene el estudio de grabación Katarain y su casa. Lou Reed dijo que él también quería venir, y conocer por fin ese lugar tranquilo y hermoso del que tanto le había hablado Fernando.

Y así es como uno de los más grandes mitos del rock llegó el pasado lunes con parte de su grupo a Azkarate, pasó todo el día con la familia de Jonan, durmió en su casa, acudió el martes a comer al Frontón de Tolosa y se mostró en todo momento encantado y agradecidísimo con la visita.

Por unas cuajadas

Todo empezó con las cuajadas de Betelu. Desde que las probó, Fernando Saunders se ha ido aficionando cada vez más al sabor y la tranquilidad de la zona, que visita al menos un par de veces al año. Aunque el contacto definitivo se produjo antes, cuando durante el primer concierto del Kursaal, Jonan Ordorika, le mostró desde la primera fila de butacas, entre canción y canción, el disco en solitario que acababa de editar Fernando. Fue el salvoconducto hacia el camerino para un apasionado de la música de Lou Reed desde que tenía seis años.

«Mi hermano Ruper», cuenta Jonan Ordorika, «era el que traía discos a casa y yo tenía seis años cuando escuché el Transformer de Lou Reed. Y me gustaba muchísimo. Yo creo que es un disco que puede enganchar a un niño, porque las canciones son sencillas. Al menos a mí me enganchó enseguida. Luego conocí Coney Island Baby, y me compré otros, como Street Hassle o Berlín». Desde entonces Jonan ha mantenido una devoción por toda la obra de Lou Reed, que se traduce en los cientos de discos, libros, vídeos, fotografías y otros objetos relacionados con la obra del neoyorkino. El propio Lou Reed se quedó asombrado al ver su colección, aunque Jonan evita continuamente la típica actitud de fan enloquecido: «Colecciono y sigo toda la carrera de Lou Reed, pero no es una cuestión de fan obsesivo, simplemente le estoy tremendamente agradecido por los increíbles momentos que me ha hecho pasar durante tantos años de mi vida con su música. Y lo que está claro es que si Lou Reed ha estado en mi casa es porque Fernando le ha traído».

Una amistad paso a paso

El primer contacto tuvo lugar en Alcudia (Mallorca) en 1998. Jonan vio al batería de la banda, Tony Smith y a Fernando Saunders, cerca del lugar del concierto, y les enseñó unas fotos que tenía de un concierto anterior ante la catedral de Barcelona. Acabó enviándoselas, pero el contacto no fue más allá. Pero cuando Lou Reed actuó en el Kursaal en 2000, Jonan entró en el camerino y le enseñó a Fernando Saunders el ejemplar que había conseguido del disco en solitario que el bajista había publicado. «Entonces ya me dio su email y empezó un contacto continuo». Posteriormente, Jonan le envió los discos de su hermano Ruper, a Fernando le gustaron mucho, y aceptó tocar en el siguiente disco de Ruper Ordorika. Y así fue como Fernando llegó a Azkarate para grabar en el estudio Katarain, y se quedó impresionado con todo su entorno. Desde entonces va por allí un par de veces al año. Y cuando Fernando regresa a Nueva York, Lou Reed le suele decir que se le ve muy tranquilo y relajado. Y por eso le picaba la curiosidad de conocer el sitio.

«A Fernando le gustaron mucho las cuajadas de Betelu, «los special yogurs, como él los llama. Desde aquella primera vez siempre que he ido a visitarle a alguno de los conciertos que han dado en Europa, le he llevado cuajadas», explica Jonan. «Cuando tocaron en Bilbao en 2003 yo estaba con Fernando, y Lou apareció por allí y vio las cuajadas, y preguntó qué era eso. Las probó y le encantaron. Luego le pidió al manager que le consiguiera unas cuantas». Y se las consiguió, pero de otra marca más internacional. «Lou le dijo: 'Fernando, esto no es lo mismo. Te cambio cuatro de las mías por una tuya'. Pero Fernando no aceptó, claro». Así que desde entonces Jonan se ha encargado de procurarles las auténticas cuajadas de Betelu.

El pasado lunes, Lou pudo por fin comerlas en el lugar en que se producen. Unos días antes le habían confirmado a Jonan que irían a pasar un día a su casa. «Me extrañó que se decidiera a venir aquí, porque mi relación siempre ha sido con Fernando, con Lou he coincido en varias ocasiones, pero no había tanta confianza». Jonan les fue a buscar a Hondarribia con una furgoneta, y llevó a su casa a Fernando Saunders, Lou Reed, el maestro de tai-chi Ren Guangy y el nuevo músico de la banda, el joven Czelsko McMullen. «Venían con hambre, y les teníamos preparada una comida en casa». Luego estuvieron relajados, tumbados mirando a las Malloak, o conectados a internet por wi-fi con sus ordenadores personales. Lou jugó con los niños de Ordorika y más tarde conectó su ipod a la cadena del salón para enseñarle a Jonan algunas de sus músicas favoritas. «Le enseñé mi ejemplar de Transformer, y le gustó mucho que lo tuviera desde hace 33 años». Y Lou Reed puso su autógrafo en el disco. Otra de las cosas que más le sorprendieron de la colección de Jonan fue el cuadro realizado por su hermano Jose Ordorika, a partir de fotos de Lou Reed.

Amable y agradecido

Y así estuvieron hasta la una de la madrugada. Una imagen muy distinta a la que muchos se siguen empeñando en ver en el músico neoyorkino, la del rockero destroyer y malencarado. «Es muy amable, tranquilo y agradecido. Todo el rato decía 'is amazing', cada vez que probaba los pimientos o los chipirones, que le encantan. Le gustan los alimentos naturales, porque dice que en Nueva York hay buenos cocineros, pero no las materias primas que se encuentran aquí. Daba las gracias por todo, decía que se sentía como en su casa y alabó hasta el colchón».

A la mañana siguiente, pensando en la comida que iban a preparar, mientras Lou Reed se tomaba un café, le preguntaron si le gustaba el pulpo: «Sí, pero no con el café», contestó bromeando. «Es un hombre muy inteligente, y con mucha ironía, le gusta bromear, aunque no lo parezca», explica Jonan. Fernando Saunders tenía que grabar en el estudio dos canciones con el grupo de Vitoria Ortophonk, que está preparando allí su nuevo disco. Mientras tanto Lou practicó tai-chi con el master Ren en la terraza. «A las dos fuimos al Frontón de Tolosa, porque ya sabía que Roberto nos iba a dar una comida que les iba a gustar. Vino también Ruper, para estar con Fernando y volver a salurdar a Lou, y todos salieron encantados de la comida».



Vocento
Agencia Guipuzcoana de Infraestructuras Servicio de meteorología Monitor de tráfico