Domingo, 11 de junio de 2006
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CONTRAPORTADA
«Sin raíces no aguantas, te caes»
Entusiasta incansable del folclore popular, presenta estos días su segundo disco personal 'Orhiko xoria'
«Sin raíces no aguantas, te caes»
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DNI
Nació en Donostia en 1947.

Participó en el grupo de danza Argia, Grupo de Música Contemporánea, Sustraiak, Azala o Txanbela.

Ha grabado dos discos con Joxan Goikoetxea y dos autónomos.

Enseña en el Conservatorio de Hernani.

Responsable de Herri Musikaren Txokoa (Oiartzun).

Presenta el disco Orhiko xoria.

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- ¿Juan Mari Beltran Argiñena es donostiarra o navarro?

- Nacido en Etxarri Aranatz, un 22 de marzo de 1947. Mi madre, con el marido en la mar, se apoyó en unos amigos donostiarras para dar a luz en la maternidad de Aldakonea. Pero en cuanto cogió fuerzas se volvió a Etxarri. A San Sebastián nos trasladamos cuando tenía 15 años.

- Fue usted músico precoz.

- A los 7 años empecé en la Academia municipal del pueblo. El responsable era el director de la banda y me dijo que necesitaban clarinetistas y que querían montar un grupo de txistu. Volví a casa con los dos instrumentos.

- ¿Qué quiere reflejar 'Orhiko xoria'?

- Me enganchó al leerlo en un folleto de la zona de Salazar: «Orhiko xoria Orhin bakean da bizitzen, bere larre sasietan ez da hura unhatzen; han zen sorthu, han handitu, han ari zen mai-thatzen, han bere umen artean, gozoki du kantatzen». Magnífica forma de describir la unión de uno con su humilde txoko, sin cansarse de el, y el dolor de dejarlo.

- ¿Nos quedarán Irati o Zuberoa?

- Tengo esperanzas. En otoño filmé la trashumancia de un rebaño que bajaba del Orhi a Ezkiula con la sinfónica de 200 cencerros. Nos quedarán los jóvenes que siguen bailando muneinak, la difícil y más larga danza zuberotarra. La maravilla de ordenar el caos de manera tan compleja.

- ¿Somos urbanitas buscando la supuesta raíz durante el 'weekend?'.

- Sin raíces no aguantas, te caes. Poco fruto vas a dar. Ellas determinan lo que está sobre la tierra.

- La raíz folk vasca, ¿estuvo a punto de secarse en los años 40-50?

- Hubo crisis y dudas: ser vasco y universal a un tiempo. Y momentos importantes, como la nueva canción vasca, cantando a Dylan o el La la la. La modernidad desde diferentes puntos de vista. Ahí estuvo Oteiza, pieza clave para entender otra forma de ser. Los punteros (Ez dok amairu) recuperaban la tradición. No fue fácil de entender. Como cuando Txillida llegó con la primera pegatina antinuclear y decíamos en la reunión: ¿quién se va a poner eso? Fue una aventura necesaria: coger la fiambrera y salir a buscar músicos, pueblo a pueblo.

- Hasta la cocina.

- He estado en las de Mauricio, León Bilbao, Txilibrin, Etxahun... Y en la plaza, con ellos. Fue una aventura muy gratificante.

- ¿Hay un folk específico vasco?

- Es terreno resbaladizo. La ideología toma símbolos. La boina se cargó otras formas de cubrirse. El txistu relegó otros instrumentos. Tenemosos elementos universales. Se estudia como genuina la espatadantza, pero su esquema aparece en un libro de música precolombina. Compartimos cómo ordenar la música, el ritmo y el tiempo. Un baile de West Side Story suena a Berriz. Tenemos joyitas: txanbela, danza, alboka... Pero yo no las usaría como símbolos. Todo es transmisión: me das, ahora es mío, ya lo daré.

- Tras experimentar con Joxan Goikoetxea, vuelve a la fuente.

- Egurraren orpotik dator... fue casi una proclama trascendental. Beti ttun-ttun fue más diversión. Trabajos importantes, nos abrieron al mundo de la vanguardia. Ahora el camino está marcado y es volver a la fuente y probar con el agua de Arditurri. Combinaciones rítmicas nuevas desde la idea de lo viejo. Orhiko xoria es un vuelo desde lo alto hasta tomar tierra en Agiña, Baztan, Ergoien o Azpeitia. Desde el observatorio ves más: lo tuyo y lo de fuera.

- ¿Quedan puristas?

- La polémica es muy nuestra: para unos eres un sacrílego, para otros el más purista. Me dicen: «lo que hacen esos no es txalaparta». Y contesto: «es su txalaparta». Quizás no me emociona, pero está trabajado, elaborado. ¿Y somos capaces de hacerlo? Seamos humildes, un respeto.

- ¿Cuántos instrumentos toca?

- Txistu, xirula, alboka, dultzaina, burrunak, ttun-ttun, txanbela, txalaparta, flauta, gaita... No los he contado.

- ¿Que hay en Herri Musikaren Txokoa de Oiartzun?

- Unos 1.200 instrumentos; alrededor de 500 de aquí. Unos 5.000 documentos de biblioteca. Mucha fonoteca y archivo de imágenes.

- ¿Se distingue txistu de dulzaina?

- Vas a San Fermín y un pamplonica DTV (de toda la vida) explica al forastero que se homenajea a los txistularis municipales cuando son gaiteros de Baigorri. Apareces con la dulzaina y dicen: llega el txistulari. Eso es también universal: identificar música con un instrumento. A nuestro txistu en Ciudad Rodrigo le dicen gaita.

- ¿Un fondo musical para una Euskal Herria en paz?

- Una txalaparta grande de tonos graves tocando un ritmo de tres. Todos en círculo, en la misma posición. Y en medio, alguien tocando burrunak. Reposo tras una época dura: reflexión, tomarse de la mano. Después vendrían otros instrumentos que dijeran: a moverse de otra manera.



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