SAN SEBASTIÁN. DV. ¿Quién dijo miedo? Jorge Labián ya no contempla esa palabra en su diccionario, por lo menos en cuanto a viajar y a sacarse las castañas se refiere. El pasado mes de marzo regresó de Gales tras seis meses completando su proyecto de fin de carrera. «Fui aterrorizado, pero ahora ». Ahora se ha envalentonado y es capaz, según cuenta, de «llegar a Londres y coger hasta cuatro trenes para ir a visitar a un amigo», como hizo hace unos cuantos fines de semana. «Antes ni me lo planteaba», asegura.
Y es que este recién licenciado en Ingeniería de Organización Industrial en la UPV, confiesa que su paso por el Reino Unido le ha hecho «crecer tres años en seis meses». «Es una experiencia diferente, sobre todo para gente de nuestra edad que vivimos con nuestros padres», dice. «Allí tienes que aprender a convivir con gente de otra cultura, hablando en otro idioma», como hizo él. «Yo vivía en una residencia con cinco habitaciones en las que había chinos, hindús, franceses, alemanes », un conglomerado de nacionalidades con el único nexo común de ser estudiantes y querer aprovechar al máximo su estancia en la ciudad de Wrexham, al norte de Gales.
Algunos de ellos, junto a Jorge, han aprovechado los días de fiesta que han tenido para recorrer Escocia en furgoneta y para visitar Irlanda. «Nos ha quedado poder ir a ver algún partido del Liverpool -ciudad cercana a Wrexham-, pero las entradas eran carísimas», lamenta este estudiante de 25 años. «Es que conozco a Xabi Alonso porque en alguna ocasión jugué contra él a fútbol», recuerda. Pero, a pesar de no poder conocer el campo de fútbol de Anfield, Jorge se queda con los más de 70 links que tiene adjuntos a su messenger, pertenecientes a los compañeros de la Universidad de Newi que ha conocido. «Es sorprendente cómo puedes llegar a relacionarte tan estrechamente con gente que no habla el mismo idioma», dice aún con la imagen nítida en su memoria de todos los amigos que ha dejado allí. «Confío en seguir manteniendo el contacto con ellos», dice, aunque cada uno haya seguido un camino distinto.
El suyo aún no está bien delimitado, pero espera poder conseguir trabajo en alguna empresa o industria «relacionado con el márketing». Ahora está inmerso en la etapa de entrevistas, de la que acaba de salir cuando hablamos con él. ¿Qué tal te ha ido? «No sé, había mucha gente, pero por lo menos no me pedían experiencia», explica. Lo que sí tuvo en cuenta el entrevistador es su aventura Erasmus. «Me ha preguntado por estos seis meses», comenta, y por su proyecto de fin de carrera consistente en «integrar la certificación ISO 9000 de calidad, la ISO 14000 de medio ambiente y los sistemas de riesgos laborales».
Ese plus en el currículo, haber estudiado en el extranjero parte de la carrera, es tenido cada vez más en cuenta por los empresarios a la hora de contratar a jóvenes. «Al parecer, se fijan en eso porque la gente que pasa por Erasmus, en principio, es capaz de asumir más responsabilidades, de convivir o trabajar con más gente », afirma, además de presuponer un conocimiento del idioma, en este caso el inglés, adecuado. Jorge, en este sentido, no ha tenido problemas de adaptación. «Como ya sabía un año antes que me iba a ir, estuve en una academia de inglés preparándome», explica. «Pero allí lo desarrollas muchísimo más». Su manejo del inglés y una forma de pensar «completamente diferente, más abierta» le animan ahora a buscar trabajo aquí o en el extranjero. «Esta estancia me ha abierto un mundo delante lleno de posibilidades, tengo absoluta disponibilidad geográfica para trabajar en cualquier sitio», recalca, enfocando también su discurso a posibles empresarios interesados.
Fiestas, las que quieras
La experiencia académica adquirida en el campus de Newi, «donde había muchísimos extranjeros y donde el ritmo era bastante relajado», es uno de los frutos que Jorge se trajo de Gales, aunque no sin dificultad. «Terminé bien el proyecto, pero tuve problemas a la hora de pasar la nota», explica.
Otro de los petates que acumuló en su mochila fue las innumerables fiestas que se organizaban y a las que no hay estudiante Erasmus que se precie que no acuda. «Me apunté a un grupo de estudiantes, donde además de organizar fiestas, cumpleaños , te daban una tarjeta con la que te hacían descuentos en muchos sitios», afirma. «Desde luego, si querías salir todos los días podías hacerlo porque siempre había algo organizado».
Esta faceta lúdica y, por supuesto, la académica son las que Jorge explicó con detalle a un amigo suyo que acudió a la misma universidad el pasado febrero, «y que todavía está allí». «Le introduje un poco en el ambiente», cuenta, porque «aunque yo me adapté bien, hay gente en otros sitios a la que le ha costado bastante».
Por todo esto, y por mucho más que este lasartearra guardará siempre en su memoria, Jorge anima a todos los estudiantes que puedan a irse unos meses al extranjero. «Sólo aconsejo ahorrar antes un poco, porque la beca que te dan no está mal, pero no cubre todos los gastos».