Domingo, 11 de junio de 2006
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Internet ha reducido en un tercio las ventas y alquileres de los comercios audiovisuales
La libertad en el intercambio de datos en la red ha abocado al cierre a muchos pequeños comercios Las tiendas de música y fotografía y los videoclubs, grandes víctimas
Internet ha reducido  en un tercio las ventas  y alquileres de los comercios audiovisuales
Este videoclub de Intxaurrondo es uno de los últimos en cerrar sus puertas por falta de negocio en Gipuzkoa. [LOBO ALTUNA]
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LOS DATOS
Videoclubs: Han reducido cerca del 40% el número de alquileres en los últimos tres años, período en el que se han extendido las líneas de ADSL de conexión a internet.

Música: La Asociación de Productores de Música de España (Promusicae) calcula que en los últimos tres años el porcentaje de ventas se ha reducido un 33%.

Fotografía: El revelado de fotografía analógica ha perdido un 25% de volumen de negocio.

Descargas: El año pasado se contabilizaron más de 350 millones de descargas de música ilegales a través de internet.

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SAN SEBASTIÁN. DV. El desarrollo de la tecnología ha permitido que cualquier persona pueda disponer de un centro multimedia en su propia casa. Hoy, con un ordenador y una conexión a internet, cualquiera puede bajarse en unas horas los estrenos de cine, los últimos lanzamientos musicales o la discografía completa de un artista; cualquiera puede crearse un taller de fotografía digital a la medida. Pero esta democratización tecnológica también provoca efectos secundarios: los comercios que antes ofrecían algunos de estos servicios han quedado en claro peligro de extinción.

La revolución tecnológica ha abocado al cierre a muchas tiendas y pequeñas empresas. La libertad en el intercambio de información y datos que ha traído internet ha supuesto pérdidas ingentes a las grandes compañías del sector audiovisual, que se han hecho extensibles a los comercios que ponían sus productos en el mercado. De hecho, estos últimos se han revelado como las principales víctimas de una revolución que ha abierto múltiples posibilidades, pero que al mismo tiempo provoca la desaparición de numerosos comercios. Algunas tiendas de música y fotografía de toda la vida y muchos videoclubs de barrio son ya parte del recuerdo, después de haber visto reducido en un tercio su volumen de negocio en apenas tres años.

Los pequeños comercios han sido los mayores damnificados de esta crisis, porque no pueden afrontar un recorte tan drástico. Las grandes productoras o distribuidoras pueden declarar pérdidas millonarias, pero éstas se compensan con los cientos de millones de beneficio que acumularon en la época de vacas gordas. Los comercios que vivieron al día no tienen esa ventaja.

Dani Usandizaga es uno de los comerciantes que se verán obligados a cerrar próximamente. Hace seis meses se embarcó en la aventura de regentar una pequeña tienda de música en el barrio de Amara. Recogió el testigo de Música Autónoma, una tienda con solera en la música alternativa, y la renombró como London Diskak. Su sueño apenas ha durado medio año. «Soy un apasionado de la música y decidí bajar al barro, aunque era consciente de lo difícil que estaba el negocio. Ahora sé que la situación es más crítica de lo que pensaba. Tanto, que el mes que viene dejo la tienda».

Ya no se compra música

Este comerciante cree que internet es el principal culpable de que las tiendas de música apenas vendan discos. «Está haciendo estragos. Hoy todo el mundo se baja los discos desde la red y nadie los compra. Ya ni siquiera podemos agarrarnos a los coleccionistas o a aquellos que siguen prefiriendo un disco original; esas ventas no dan para mantener la tienda. Hasta las grandes cadenas de música están pasando dificultades», lamenta Dani. Tan mal está el negocio que se conforma con «no haber hecho mucha ruina» al decidirse a montar London Diskak.

No hay que irse muy lejos para encontrar otro tipo de comercio con idénticas dificultades. En la misma calle de Amara, una pequeña tienda de fotografía con 25 años de vida puede tener sus horas contadas. La revolución de la fotografía digital ha reducido tanto su volumen de revelado que los propietarios tienen serias dudas acerca de su continuidad.

La mitad de alquileres

El sector de los videoclubs es otra víctima de la tecnología. La velocidad de transmisión de datos que ha alcanzado internet permite a los usuarios bajarse películas en unas horas. Nada más estrenarse en el cine, o incluso antes de llegar a nuestras pantallas, las películas ya pueden cogerse de la red.

El avance tecnológico está reduciendo los espectadores en el cine, pero se hace aún más patente en el alquiler de películas. Ricardo Pablo, presidente de la Asociación de Videoclubs de Gipuzkoa, asegura que en los últimos tres años la facturación de estos negocios se ha reducido en cerca de la mitad. «Los últimos datos que teníamos nos hablaban del 30% de descenso en la facturación, pero a finales de este año la cifra puede llegar al 50%, porque sigue bajando al mismo ritmo que se extienden las líneas ADSL y su velocidad. La gente se baja películas de internet incluso antes de que se estrenen aquí en el cine, porque en Estados Unidos o Suramérica se distribuyen antes. A veces incluso se bajan en calidad DVD, si se ha lanzado en este formato en el mercado americano».

Reducir a la mitad los alquileres hace inviable la continuidad de muchos de estos comercios. «Los videoclubs pequeños no tienen nada que hacer ante esta nueva tendencia, muchos han tenido que cerrar. Ahora sólo queda uno en cada pueblo o en cada barrio con mucha población. Tenemos las manos atadas porque la ley no nos acompaña. En Francia y Alemania, por ejemplo, no se permiten las copias privadas, pero aquí no es delito si luego no la vendes por la calle», lamenta Pablo.

El sector de los videoclubs vio «un futuro prometedor con el avance tecnológico, con la llegada del DVD y los homecinemas, pero al final esa tecnología se ha vuelto en nuestra contra. Son soportes muy fáciles de copiar. La explosión de internet, de programas como el eMule y de formatos como el DivX, nos ha complicado aún más las cosas».

La solución no es sencilla. «El único futuro que veo para los videoclubs es que se cambie la ley y se haga una parecida a la de Francia. Tuvimos una reunión en La Moncloa en la que nos dijeron que tienen en mente hacer algo contra la piratería, pero que no es un asunto prioritario. Claro, después de sacar adelante leyes impopulares como la del tabaco, cualquiera se mete con 13 millones de internautas impidiéndoles bajarse archivos de forma gratuita».

A la cabeza en piratería

España está a la cabeza de Europa en descargas ilegales a través de internet, entre otras razones, porque existe un vacío legal en este terreno. La IFPI (Federación Internacional de Productores de Música) acaba de lanzar una ola internacional de denuncias masivas a usuarios de redes P2P que descargan música de forma ilegal por internet, pero ninguno de los 2.000 usuarios denunciados es español, porque aquí no habría forma de condenarlos.

Ricardo Pablo considera que «no es casualidad que España e Italia estén a la cabeza de la piratería en Europa. Una vez más, lo que conocemos como cultura latina se deja notar. En países como Francia o la zona nórdica esto sería imposible, a la gente ni se le pasaría por la cabeza consumir productos sin pasar antes por caja. Aquí ocurre todo lo contrario».

La libertad de internet está llevando a la ruina a algunas compañías, pero otras han pasado a la acción y han visto en la red una buena vía para mantener sus negocios. Las ventas de música a través de internet y de móviles suponen ya el 6% del mercado y la tendencia se mantiene al alza. Tal vez el sector audiovisual siga siendo un buen negocio en el futuro, pero las tiendas que han cerrado no volverán a abrir sus puertas.



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