Domingo, 11 de junio de 2006
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 Actualizado: 10.20 a.m.
 
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Aunque ahora sea desde la grada de los campos de fútbol, Diego Armando Maradona todavía deja huella allí por donde va. La magia del fútbol le persigue. Sin ir más lejos ayer apareció junto a una de sus hijas en el palco del estadio Aol de Hamburgo y desató la locura entre los miles de aficionados argentinos que acudieron a presenciar el encuentro de la selección albiceleste.
El conformismo de una victoria raquítica con un gol regalado por el paraguayo Gamarra delata al reservón Eriksson
En esta segunda jornada del Mundial de Alemania, la victoria de Inglaterra sobre Paraguay era algo esperada, aunque al final se logró con dificulatd, con un gol en propia puerta de Gamarra. Trinidad y Tobago también sumó un meritorio empate ante Suecia, con una espectacular actuación del portero Hislop, y el equipo de Beenhakker inició su primera participación en la Copa del Mundo con la alegría del empate a cero y, como no podía ser de otra manera, lo festejaron alegremente. Pero, por encima de todo, tenía la curiosidad de ver el partido entre Argentina y Costa de Marfil, ya que, a priori, aparecían aspectos de mayor igualdad entre ambos y, además, tenía la curiosidad de comprobar el nivel del primer país africano que entra en juego en el torneo frente al oficio de una selección tan experimentada como la argentina.
Una veintena de hinchas ingleses y alemanes pasaron la noche del viernes en comisaria tras enfrascarse en una pelea en el centro de Francfort, ciudad en la que Inglaterra disputó ayer su primer partido ante Paraguay.
 
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