BRIANÇON. DV. La misma meta en la que venció en 2002 ha servido a Iban Mayo para renacer de sus cenizas y volver a un primer plano mundial, algo que no conseguía desde hace dos años. Mayo no logró ganar la primera de las etapas alpinas de este Dauphiné Liberé, en la que se impuso el francés Ludovic Turpin, superviviente de una escapada que se formó en el descenso del puerto de Sarrault, en el kilómetro 33 de la etapa. El de Igorre tuvo que conformarse con el segundo puesto, pero lo importante es que ha vuelto a estar con los mejores.
Atacó cuando faltaban tres kilómetros para la llegada en subida, la habitual en esta localidad francesa. Le faltaron 26 segundos Ha vuelto a sentirse en una gran condición física.
«Me he encontrado muy bien durante toda la etapa. Hacía mucho tiempo que no me encontraba tan a gusto. En el Izoard he ido cómodo, con el grupo de favoritos. Ha sido una pena no poder ganar», señaló el corredor de Euskaltel-Euskadi, que estuvo adelante en todos los momentos importantes de la jornada.
Mayo sufrió una caída en el kilómetro 65 de la etapa. Se golpeó el codo derecho, el de siempre, el que se rompió en el Tour, en el que tiene un buen golpe pero nada roto. «He mirado hacia atrás, he hecho el afilador con un corredor que iba delante y me he ido al suelo. He acabado en la cuneta. Tenía un dolor insoportable. Creo que he perdido algo el conocimiento. El médico de la carrera me ha puesto un vendaje muy fuerte. Me ha costado diez minutos darme cuenta de dónde estaba», comentó un Mayo al que se le nota que ha vuelto a recobrar la ilusión.
Mayo atacará
A pesar de ese percance logró, primero, meterse con los mejores en el Izoard y, luego, intentar ir a por la etapa. Ludovic Turpin, el vencedor, es compañero de equipo de Paco Mancebo, tercero en la etapa y cuarto en la general, que se limitó a apoyar la escapada de Turpin, sin moverse. «Estoy justillo para arriba. Todavía no me encuentro a tope. Menchov y Leipheimer están muy fuertes», dijo el corredor de Navaluenga.
El estreno alpino tuvo dos partes muy diferenciadas. La primera, la escapada que se produjo en el descenso del puerto de Sarrault, en la que se metieron Thor Hushovd, Jerome Pineau y Ludovic Turpin, que acabaría logrando el triunfo final.
Llegaron a tener hasta 8:25 de ventaja. Alejandro Valverde mandó a sus compañeros de equipo que pusiesen ritmo. Lo hicieron durante 30 kilómetros, para intentar reducir las diferencias de los escapados.
En el Izoard, Valverde se dio cuenta de que no marchaba a gusto. A cinco kilómetros de la cima se formó un grupo en cabeza en el que estaban Moreau, Mazzoleni, Iban Mayo y Piepoli.
Leipheimer aceleró y se llevó con él a Menchov. Se juntaron a los escapados. Más tarde se les unirían Mancebo, Caucchioli y Kohl. Ellos harían todo la subida y la bajada hasta las calles de Briançon. Mayo veía que se le iba el triunfo y entró dando golpes en el manillar al cruzar la meta.