Turbio, tropezado, escondido espectáculo. Lo pusieron bajo mínimos Rincón y El Cid en sus dos primeros turnos. Rincón, encogido, lidió con abusiva morosidad al primero de Jandilla. De Jandilla debería haber sido la corrida completa, apalabrada y vista en invierno por la Comunidad. Sólo tres de los toros reseñados pasaron. De esos tres, uno, de excelente aire, segundo de corrida, se desgració por la divisa, que llevaba prendida en mal lugar. Descoordinado, se devolvió. El otro jandilla, tercero en orden de festejo, fue saludado con un coro de miaus, desproporcionado, porque hechuras y cara tuvo. Más que fuerzas. Se empleó en dos puyazos y en los dos metió los riñones. Al palco le pesó la presión de ambiente y sacó el pañuelo verde.
El único jandilla que sobrevivió a tanta escabechina fue, por tanto el primero de festejo, que vino a dejar al descubierto la desconfianza y el nerviosismo de Rincón. Una banderilla caída y otra delantera, el desorden de la cuadrilla y el terreno cedido por el matador: todo a la vez. Brusco, el toro se defendió pero al ataque y protestando. Gran despropósito fue pasarlo de muleta en toriles.
El Cid mató luego un serio y lustroso sobrero de Moisés Fraile. Excelentes las hechuras. La cuadrilla de El Cid parecía emperrada en tirar al toro al suelo, que cobró mucho y como fuera en el caballo. Pronto en banderillas, el toro sacó la elasticidad clásica del encaste Lisardo y tomó el engaño por las dos manos. Rincón y su gente habían tratado al toro de Jandilla como si estuviera pregonado. En el turno de El Cid no llegó a tanto, pero sus dos banderilleros de brega se pasaron más de media faena con más de medio cuerpo fuera de los burladeros. La punta de un capote reclamaba al toro más que la muleta de El Cid, que, pálido, nervioso y del todo incompetente, tuvo que escuchar algún recado nada amable. Ni una vez se puso en el sitio ni se paró siquiera con un toro que dio para mucho más.
Con el quinto toro El Cid y su gente pusieron su grano de arena. Se salvó el toro. Y menos mal. Porque fue de un temple y una dulzura nada comunes. El Cid lo vio y lo entendió. Fue faena de mucho metraje, pero con muchos muletazos de lentísimo trazo. Faltó que El Cid se lo creyera.
LA CORRIDA DE HOY I Seis toros de El Ventorrillo para Miguel Abellán, El Fandi y Miguel Angel Perera.