Javier Solana presentó ayer a Alí Larijani lo que un observador castizo español llamaba con gracia el lunes en Punto Radio «una oferta que usted no podrá rechazar»: el paquete de incentivos ofrecido a Irán si se aviene a abandonar sus actividades nucleares susceptibles de llevar a la construcción de armas atómicas.
El jefe de la política exterior y de seguridad de la Unión Europea (y ex secretario general de la OTAN) fue el encargado de llevar a Teherán lo que se tiene por proposición final, que deberá ser respondida lo antes posible, aunque cuando se encontró con el poderoso Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Solana estuvo de acuerdo en que será necesario discutir más y examinarlo todo con cuidado.
Larijani, ex candidato a la presidencia y peso pesado del establishment político iraní, se remite en esto -y el presidente Ahmadineyad también- al guía de la revolución, Ali Jamenei. El dossier nuclear no es cosa del gobierno ni del parlamento, aunque el ministro de Exteriores, Manuchehr Mottaki, de limitada influencia política, también esté al corriente y opine. Ayer invitó a almorzar a Solana antes de que éste se reuniera con las altas instancias.
Las palabras de Solana mostrándose de acuerdo con que hará falta profundizar más son sugerentes porque Condoleezza Rice dijo en Viena el jueves pasado que se debe tener una respuesta en cuestión de semanas, no de meses. Washington teme que Teherán vea el paquete no como la proposición final, el no va más antes de recurrir al Consejo de Seguridad para sanciones, sino como otra fase de una negociación interminable. Su contenido es secreto y puede ser alterado sin sufrir la posición pública de ninguna parte, pero en lo esencial, está muy definido.
Medios estadounidenses creen saber que se cancelará el boicot comercial actual en áreas cruciales, como la venta de aviones y sus repuestos y se podría plantear la construcción de una gran refinería e, incluso, el montaje sin prisas de un reactor de agua ligera, además de firmar acuerdos comerciales en áreas que importan mucho a los iraníes, como la agricultura. La cuestión es si la mirífica propuesta contiene garantías políticas y militares a Irán de los Estados Unidos. Washington deberá abandonar la tesis del cambio de régimen y apuntalar así a la República Islámica y reconocer su status regional si quiere tener éxito. Y no es imposible que haga todo eso.