Miércoles, 7 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
SHEGUN AZPIAZU, EX JUGADOR GUIPUZCOANO
«El público celebró así los otros ascensos, pero luego no siempre fue fiel»
Medía 2,10 cuando a la selección iban pívots de 1,95. Fue pieza importante en el Barça y en el Kas, y su labor fue decisiva en dos de los ascensos anteriores.
«El público celebró así los otros ascensos, pero luego no siempre fue fiel»
Shegun Azpiazu, en la sede de Askatuak, el club en el que cerró su carrera deportiva. [LOBO ALTUNA]
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UNA LARGA CARRERA
Tiene 62 años

Debutó en el Atlético a los 17 años y jugó en el Barcelona, Kas, Dicoproga y Askatuak.

Ascendió con el Atlético y con el Dicoproga.

Fue ayudante de Gasca después de retirarse y tras su muerte se hizo cargo del banquillo de Askatuak, al que dirigió hasta 1986.

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Shegun Azpiazu es el más carismático de nuestros baloncestistas. Jugó en el Barcelona y en el Kas, consiguió dos ascensos en Gipuzkoa y fue uno de los hombres fuertes del proyecto de Askatuak que nos ilusionó tanto y durante tantos años. Alejado de su deporte desde hace tiempo, sigue teniendo una visión fresca sobre todo lo bueno que nos está pasando en los últimos tiempos.

- ¿Suele ir a los partidos?

- No veo nada de baloncesto. Sólo lo que dan en la tele.

- ¿Ha visto jugar al Bruesa?

- Por la tele, pero le he visto.

- ¿Qué le ha parecido?

- Lo ha hecho francamente bien. Tiene un mérito enorme. Un equipo que termina quinto la temporada regular y es capaz de ganar todo en las eliminatorias finales... Ha ganado los cinco partidos que ha jugado fuera, siete victorias consecutivas, en la final remontaron 19 puntos... Eso tiene mérito.

- Es un equipo que tiene carácter, que transmite mucho a la grada. En eso me recuerda a los equipos guipuzcoanos de su tiempo, a los que lograron los anteriores ascensos.

- Puede ser. A lo mejor no hacen el baloncesto que a mí me gusta más, pero les sobra corazón. Tienen casta y una capacidad de sacrificio enorme.

- De nuevo estamos en la ACB.

- Exactamente. Lo más importante es que Donosti vuelve a tener baloncesto de primer nivel. Ojalá haya suerte y esta situación se alargue durante muchos años. Porque lo más difícil viene ahora. Van a tener que trabajar mucho en el campo y en los despachos.

- ¿En qué ha cambiado el basket en estos cuarenta años que han pasado desde el primer ascenso?

- El juego es distinto porque el ritmo es diferente. La posesión ha bajado de 30 a 24 segundos y eso obliga a que todo se haga más rápido. En nuestros tiempos se trabajaba más cada jugada. Pero la mayor diferencia la veo en el juego de ataque. En defensa no ha cambiado prácticamente nada. Los jugadores ahora son más fuertes, más altos, pero el resto es lo mismo. La mayor diferencia está en la superprofesionalización actual. Entonces era otra cosa.

- El Barcelona y el Kas también serían profesionales.

- Sí, pero de otra manera. Piensa que yo regresé a casa para jugar con el Dicoproga en Segunda.

- ¿Y eso por qué?

- Yo estaba en el Kas y me apetecía volver a Donosti. Me fui al Barça con la idea de estar cinco años fuera y ya se habían pasado los cinco años. Tenía ofertas de Lugo y del Círculo Católico de Badalona, pero a mí me apetecía venir. Me hicieron una oferta para trabajar en Dicoproga y acepté.

- ¿Para trabajar? ¿No para jugar?

- Para trabajar. A las siete de la mañana estaba todos los días en Usurbil. Y luego a entrenar y a jugar. Si no llego a tener trabajo, hubiera tenido que aceptar alguna de las otras ofertas que tenía, pero con trabajo, preferí volver a casa. Además había otros factores que me atraían.

- ¿Por ejemplo?

- El proyecto me gustaba porque Josean Gasca venía de entrenador. Con él empecé a jugar y si algo he sido en el baloncesto se lo debo a él. Ascendimos a Primera a base de mucho sacrificio y trabajando a tope. Fue un año brillante, pero si ascendimos fue gracias a que aquel equipo era muy disciplinado. Fue una experiencia bastante parecida a la que se ha vivido ahora.

- ¿También se produjo esta locura colectiva con la afición?

- Pues fue poco más o menos lo mismo. En todos los ascensos, la reacción del público fue igual de calurosa. Llenamos el frontón en 1967, el Gasca en 1976 y también Askatuak dejó pequeño el Polideportivo en 1988. Fueron años extraordinarios y la gente los vivió con el mismo entusiasmo que ahora. Lo malo es que luego el público no siempre fue fiel cuando las cosas se empezaron a torcer.

- ¿Y eso por qué?

- Creo que se debe a que aquí hay equipos del máximo nivel en muchas modalidades. El público se entusiasma cuando ocurre algo destacado, pero se enfría cuando se empiezan a perder partidos en la categoría superior. Es un fenómeno normal. Pasa en todas partes, pero si queremos consolidar un proyecto entre los grandes, hará falta que la afición siga apoyando al equipo cuando lleguen las horas bajas.

- ¿Qué ascenso le produjo mayor satisfacción?

- El mejor recuerdo es el del primer ascenso. En 1967 éramos todos de casa, éramos un equipo de barrio con un entrenador como Gasca, que era un hombre con mucho talento y mucho carácter. Mientras él se iba convirtiendo en entrenador, a nosotros nos iba haciendo jugadores de baloncesto. Fue un momento memorable. Ascendimos en Gijón, pero yo me perdí la celebración.

- ¿Y eso?

- Estaba haciendo la mili en Jaca y solía venir los viernes. Hacía un entrenamiento y jugaba el partido del fin de semana. Aquel año salí de Gijón después de ascender y me volví derecho al cuartel. Los demás llegaron al Ayuntamiento por el paseo de La Concha en coches descapotables.

- ¿Al basket guipuzcoano siempre le ha faltado dinero?

- En el Atlético tuvimos que sufrir por falta de dinero y me ha pasado lo mismo siempre, excepto en el Barça y en el Kas. Siempre hemos estado en precario, pero lo más duro fue en Askatuak.

- ¿Qué pasó?

- Tuvimos que aguantar de todo. Hasta nos pusieron una bomba en una tómbola que montamos para recaudar fondos en un local de la Caja de Ahorros. Los recuerdos más alegres los tengo como jugador. Cuando fui entrenador era más consciente de los problemas económicos y era duro de verdad.

- Pese a aquellos problemas volvieron a ascender.

- El ascenso de Askatuak en 1988 tuvo muchísimo mérito. Parece que está olvidado, pero aquello fue una hazaña. Askatuak ha estado 25 años en el candelero y logró el ascenso con un entrenador joven, Boliche Domínguez, un chaval de casa que tuvo la habilidad de llevar al equipo a la ACB. Él no quiso seguir tras el ascenso y fue una pena porque valía un montón y en Askatuak estaban encantados.

- Usted dejo de jugar un momento antes de fichar a Hollis.

- Así es. Dejé de jugar porque tenía una cadera un poco chunga. El caso es que luego seguí en regional con compañeros que habían estado en el Atlético como Achen Guruceta, Enrique Laborde, Juan Mari García... Teníamos alrededor de cuarenta años y fuimos subcampeones de Gipuzkoa.

- Pues en Askatuak con Hollis se hubiera puesto las botas.

- Me he preguntado alguna vez qué hubiera pasado. ¿La cadera estaría hoy peor? Gasca me propuso que sacara ficha y luego hiciera lo que quisiera, jugar o ayudarle a entrenar. No quise porque yo me conocía. Si me llego a sacar ficha, hubiera terminado jugando. Cuando uno está acabando su vida deportiva, le gustan hasta los entrenamientos. Además no sabía que iba a venir un jugador como Hollis.

- ¿Y si lo hubiera sabido?

- Gasca buscaba un jugador parecido a mis características, un pívot grande y se trajo a Beasley. Para jugar la Copa de Europa trajimos a Hollis, pero Josean tenía dudas. Le dije que yo me quedaría con Hollis y él se decidió. Si hubiese sabido que iba a jugar con Essie, hubiera seguido un año más. Hubiera sido una gozada.

- Creo que conoció a Óscar Robertson, el mejor jugador del mundo.

- Vino a San Sebastián a hacer una demostración y estuvo enseñando movimientos defensivos. Yo estaba solo en el vestuario y entró él para cambiarse. Me estaba poniendo unas zapatillas Converse y él me miró las suelas que estaban totalmente desgastadas. Me dijo «Is not possible». Era posible. A nosotros no nos sobraba el material, pero Óscar Robertson era el que más dinero ganaba en la NBA.

- Ahora hay pívots altos, pero usted se enfrentaba a rivales mucho más pequeños. ¿Cómo se apañaba?

- Era una ventaja, pero a mí no se me daba nada bien marcar a un pívot pequeño. Alfonso Martínez medía 1,95 y me volvía loco. En cambio, algunos de mis mejores recuerdos son con Clifford Luyk. Le gustaba el cuerpo a cuerpo y ahí disfrutábamos los dos. Yo era un jugador disciplinado y alguno me dijo que por eso terminaba jugando en todas partes. Me gustaba que me dijeran eso.



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