EIBAR. DV. El pasado fin de semana, la localidad francesa de Issoire acogía la edición número 17 de la Eurolambretta, una cita ineludible para los amantes de estas motocicletas. No faltó la presencia eibarresa y tampoco la aventura, ya que Patxi Lejardi y Enrique Bernedo llegaron a bordo de sus Lambrettas, tras más de 700 kilómetros de recorrido. Dos días de viaje de ida y otros dos de vuelta a menos de 80 kilómetros por hora, que les permitieron disfrutar de la carretera a la antigua usanza.
Tras regresar a Eibar el lunes, ayer volvían al trabajo después de una experiencia inolvidable. «Vimos auténticas joyas» explica Lejardi. «A veces llegas a pensar para qué tienes una Lambretta, una moto vieja en la que te gastas un dinero... y realmente allí vimos que la gente hace auténticas peripecias. Le han incorporado frenos de disco delanteros, traseros, motos con tubos de escape de competición, carburadores que sobresalen de la carrocería, efectos de pintura que te dejaban con la boca abierta... Nos acordábamos de nuestros amigos de Eibar y lo que les gustaría ver aquello».
Sin embargo, llegar hasta la localidad de Issoire, junto a Clermont Ferrand, no fue tarea fácil. «Fuimos de los que más kilómetros habíamos hecho, anduvimos ahí ahí con uno de Irlanda» recuerda Bernedo. «Y desde Donostia también fueron en marcha pero a ellos les ganamos en distancia por unos kilómetros». Su compañero Lejardi recuerda la partida y reconoce que «fuimos con la emoción que te da iniciar ese viaje, pero también con la duda de si llegaríamos».
Pequeñas incidencias
Las Lambretta se portaron. Pese a no ser motocicletas para grandes distancias aguantaron sin excesivos problemas. «Hacíamos unas 9 horas de viaje en el día, con las paradas lógicas de combustible cada 160 o 180 kilómetros» recuerda Lejardi. «Tuvimos pequeñas incidencias con el cambio de bujías en la moto de Enrique (una SX 200 de 1989) y unos tornillitos que se aflojaron en la mía (una Lince 200 de 1985), y me quedé sin gasolina a la vuelta». En cualquier caso, estos enamorados de las Lambretta mimaron sus monturas con una dosis más generosa de aceite en la mezcla, marchas largas y sin pedir grandes velocidades en la carretera.
Los tiempos modernos también se dejaron notar, ya que el GPS ayudó en la orientación por carreteras secundarias. «Yo había ido a concentraciones en Madrid, Guadalajara y en marcha a Gijón, pero nunca tan lejos. El año que viene es en Alemania, pero habrá que ver dónde, porque las carreteras no son iguales» recuerda Bernedo. «Además, hubo unos catalanes a los que les sacaron dos veces de la autopista porque iban demasiado despacio».
Al llegar a Issoire se unieron a José Benito Arana, otro miembro del Club Lambretta Eibar, que con su mujer Alicia Aristondo había llevado su Jet 200 en furgoneta. Unas 550 motocicletas y cerca de 700 personas componían una fiesta en torno a las Lambretta. «La edad de la moto iba en consonancia con la de los conductores, ya que éramos gente de 40 hasta 70 años. Pero se veía la moda 'mod', chicas con faldas y zapatitos blancos, música en directo de aquellos años, etcétera» comenta Lejardi.
Entre las actividades previstas se encontraba un recorrido de 80 kilómetros por los alrededores. «Según nos dijeron, fue más numeroso que en cualquier edición anterior. Se colapsaron las carreteras y en cada pueblo que pasábamos se formaba una humareda...» explica Patxi Lejardi.
Después de un sábado frenético, el domingo emprendían el viaje de vuelta. Más cansados, algo resfriados pero con las maletas cargadas de buenos recuerdos emprendieron un recorrido al son del inconfundible pra pra pra de la Lambretta.