PARÍS. Erre que erre, Rafael Nadal sigue encadenando victorias sobre pista de tierra batida. Suma ya un total de 57 tras derrotar ayer al australiano Lleyton Hewitt por 6-2, 5-7, 6-4 y 6-2 en tres horas y diecisiete minutos. Este favorable resultado coloca al balear en cuartos de final y se cruzará con el serbio Novak Djokovic (63), que superó al francés Gael Monfils por 7-6 (5), 7-6 (5) y 6-3 en dos horas y treinta y tres minutos. El de Manacor es el único español que permanece en el cuadro principal, porque en esta jornada se registraron las derrotas de Alberto Martín y Rubén Ramírez-Hidalgo.
Nadal pudo resarcirse, en parte, de las tres derrotas anteriores sufridas frente a Hewitt. Desde el año pasado, en octavos de final del Open de Australia, no habían vuelto a coincidir. En el reencuentro entre ambos el poderío físico del español jugó una baza importante, como su tenis con efecto acelerado desde el fondo de la pista. Nadal, que recibió un aviso por lentitud en la realización del saque, eligió restar en el arranque del partido. Suele hacerlo con frecuencia. Sostiene la teoría de que así puede buscar la ruptura de entrada. Lo consiguió una vez más y con su juego de ataque abierto anotó un primer set (6-2) sin mayores complicaciones después de 41 minutos.
El mallorquín no pudo, sin embargo, controlar al australiano durante la segunda manga. Fue certero, en cambio, en el tercer período y todavía se mostró más claro de ideas en el cuarto y último set. Hewitt, que libró el mejor partido del año, hizo recordar por momentos al que en los años 2000 y 2001 llegó a ser el número uno del mundo, aunque a la hora de la verdad el que resolvió el compromiso a su favor fue el joven tenista de Manacor, empeñado en ajustar sus tiros hacia los puntos donde podía causarle problemas al rival.
Nadal estuvo atento también a todo lo que acontecía en el entorno del juego. Vio cómo un recogepelotas sufría un pelotazo en la nariz y no dudó en avisar al juez de silla, que no se había percatado de lo sucedido, para que sustituyeran al muchacho. Todo apunta a que Nadal y Federer están condenados a verse las caras en la final del domingo. Sólo una mayúscula sorpresa podría impedir ese encuentro, que sería el séptimo entre ambos, con balance de 5-1 a favor del español.
Al triunfo de Nadal se contraponen los tropiezos de Alberto Martín y Rubén Ramírez Hidalgo. Martín tuvo la desgracia de lesionarse. Sufrió un bloqueo lumbar, muy doloroso. Ocurrió tras el 3-1 adverso en su partido contra el francés Julien Benneteau. Fue asistido por el fisioterapeuta, pero como continuaban las molestias optó por la retirada cuando perdía por 5-1. Se va de París con un cheque de 62.500 euros, la misma cantidad que ha percibido el alicantino Rubén Ramírez Hidalgo, derrotado en octavos de final por el croata Ivan Ljubicic, cuarto cabeza de serie (6-3, 3-6, 6-3 y 6-2).
Hingis, contra Clijsters
En el cuadro femenino, la suiza Martina Hingis se impuso a la israelí Shahar Peer por 6-3, 2-6 y 6-3 y se clasificó para cuartos de final. Le espera un enfrentamiento con la belga Kim Clijsters, segunda cabeza de serie. La suiza fue subcampeona en 1997 (perdió en la final ante la croata Iva Majoli) y en 1999, cuando le ganó la alemana Steffi Graf. Desde que ha regresado al circuito WTA su juego ha subido muchos quilates. Por lo pronto, demostró su firmeza en el partido contra la Peer, que viajó a París con una autorización especial de las autoridades militares, porque está haciendo el servicio en su país. COLPISA