Martes, 6 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
Pelota
Irujo se arrancó a cantar rancheras
Más de un centenar de seguidores cenaron con el campeón manomanista en una sidrería de Pamplona. Jugará el jueves en Logroño y se irá de vacaciones el viernes.
Irujo se arrancó a cantar rancheras
Etxaniz y Martínez de Irujo ante las kupelas de la sidrería. /J.Noain
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SAN SEBASTIÁN. DV. Juan Martínez de Irujo no se arrugó en el frontón ni en la cena posterior a la final, que congregó a más de un centenar de sus seguidores en la sidrería La Runa de Pamplona. Ni corto ni perezoso, cogió el micrófono y se arrancó a cantar rancheras en compañía del mariachi Diego Quevedo. «Oye, no lo hace mal. Le gustan las rancheras. Hombre, no te voy a decir que se sabe la letra de veinte canciones, pero las cuatro de siempre las domina», nos confesó uno de sus compañeros de profesión. El máximo protagonista puso la nota en un ambiente de fiesta muy bonito.

Junto a familiares, amigos y seguidores, estuvieron su botillero Jokin Etxaniz y sus compañeros de entrenamiento Fernando Goñi, Patxi Eugi, Iñigo Pascual y Pedro Martínez de Eulate. Faltaron Oskar Lasa, de vacaciones desde el viernes, e Ismael Chafee, que no pudo acudir por otro compromiso. Degustaron el menú habitual de otras finales, típico de sidrería: cogollos de Tudela, jamón, un revuelto, pescado y cordero. La fiesta, por supuesto, se extendió hasta altas horas de la madrugada.

El campeón manomanista quiere tomarse unas vacaciones, pero antes, el jueves, disputará un partido de parejas en el Adarraga de Logroño. El viernes abandonará Ibero para regresar hacia el día 20. A continuación le esperan un par de encuentros más y un verano cargadísimo de compromisos.

Etxaniz y el ritmo

Jokin Etxaniz, botillero de Irujo y director técnico de Aspe, también participó en la fiesta. Mantiene vivas las imágenes de la final. Le gustó el partido y argumenta la estrategia de su pupilo. Asegura que no es tan suicida como puede parecer de fuera: «Irujo, si no le defiendes bien, te hace el tanto. Sucede que Aimar defiende bien y pegando atrás una sola vez no es suficiente para hacerle el tanto. Le ves pegar y te preguntas por qué no hace siempre lo mismo, pero Juan tampoco puede pasarse todo el partido pegando. No le puedes pedir que pegue y pegue. Se gastaría. Con su juego, trata de poner ritmo y varios fallos de Aimar se debieron a ello. Con la dejada, Irujo obliga a Olaizola II a adelantar su posición, a que no esté siempre en el mismo punto para devolver de aire. Yo creo que hace bien. Luego, hay que tener en cuenta que era una final. Un día como ése es difícil rendir al máximo nivel».

Impedir que Olaizola II jugara cómodo a bote era uno de los objetivos de Martínez de Irujo: «Le forzó. Aimar fue varias veces hacia adelante en busca del sotamano. Eso sucedió porque Irujo te contagia con su ritmo. Si esperas a bote, Aimar puede sentirse más cómodo. Al final sí, las fuerzas estaban más justas y le pedí a Juan que trabajara los tantos, que no se la jugara con tanta rapidez».

No improvisaron restar de aire los saques. Era algo que tenían estudiado, según Etxaniz: «Pensábamos que Aimar probaría el saque-remate. Al principio, Juan restó bien uno de los saques y, aún así, Olaizola le metió el gancho. Irujo adelantó la posición para restar los saques para quitarle el saque-remate. Lo descarta porque resta bien de aire y el sacador dispone de menos tiempo. Y a continuación se meten en el peloteo. Juan posee tanta seguridad en el resto de aire que cuando le digo que se adelante tengo plena confianza en que va a acertar. Con otro dudaría. Con Juan, no».

Jokin Etxaniz confiesa que el Manomanista ha discurrido bien para Martínez de Irujo. Sin embargo, «terminó con una mano justa la eliminatoria contra Peñagarikano. El partido fue un sábado. Fuimos a entrenar el jueves y notaba aún las molestias en la mano y la paliza. Decidimos bajar la intensidad de los entrenamientos, también del físico, para que llegara fresco al partido contra Beloki. Le vino bien que la semifinal fuera rápida y no demasiado exigente. El domingo, ante Olaizola II, terminó con la zurda tocada».



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