Lunes, 5 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
ANÁLISIS
Partido con trampa
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Me gustó la final por su intensidad, por su rapidez. Pero resultó demasiado rápida para los intereses de Aimar. Irujo concedió bastantes regalos, se entregó muchas veces. Olaizola II lo desaprovechó. Era el día ideal para él por las precipitaciones de Irujo.

Aimar entró en el juego de Irujo, no salió con la intención de trabajar y la txapela se le escapó por ahí. No digo que al cuarto o quinto pelotazo no debía ir a parar la pelota. Pero no al segundo o tercero, como hizo. Necesitaba madurar los tantos porque cuando los alargó, Irujo tiró la dejada del seis o de cualquier esquina. Y eso le convenía a Olaizola II.

Era un partido con trampa porque a Irujo, que atraviesa un momento terrible, le interesa ese juego rápido, esa presión. En golpe es superior y posee una defensa terrible, tal y como volvió a dejar claro. No te deja pensar. Yo creía que Aimar estaría más sereno, que actuaría con mayor frialdad porque posee esa cualidad, aunque reconozco que hay que estar ahí dentro. Cuesta más tomar las decisiones cuando estás en pleno fregado.



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