SAN SEBASTIÁN. DV. Juan Martínez de Irujo reconquistó la txapela dos años después de lograr la primera al derrotar 17-22 a Aimar Olaizola en la final del Manomanista de Primera, disputada ayer en el Atano III de Donostia. El de Ibero, claramente superior con la derecha, tuvo que sufrir hasta el final debido, principalmente, a su precipitación en el juego, que permitió a su rival mantenerse dentro del partido cuando parecía que ya se le había escapado casi definitivamente con el 9-16 y el 13-19. Pese a que el de Goizueta se acercó a dos tantos, 17-19, su clase, desbordante, y esa presión que mete al contrario con su juego de aire permitieron a Irujo volver a encarrilar el partido y sumarse a la lista de bicampeones del Manomanista junto a Arriaran II, Ogueta, Atano X, Lajos, Bengoetxea III, Galarza III y Arretxe. Con 24 años, todavía le quedan muchas ediciones por delante para rebasarles en el ránking.
¿Qué es lo más fácil cuando se tiene golpe? Pegar atrás. ¿Qué es lo mejor cuando enfrente hay un contrario que se las sabe todas como Aimar? Pegar. ¿Quién es el que más pega? Martínez de Irujo. Con estas tres preguntas y estas tres respuestas, la solución de la ecuación parece evidente: Irujo debe pegar atrás. Pues no. Irujo no sería Irujo si hiciera sólo eso.
Le va la marcha, es amante del riesgo, busca el remate cuando encuentra el mínimo resquicio. Es el campeón funambulista porque le gusta jugar en el alambre, por peligroso que resulte ello ante un Aimar Olaizola listo, inteligente como pocos.
Sucede que no es fácil pensar a ese ritmo, a esa velocidad. No crean que Irujo resta los saques de aire porque pierde confianza atrás. Eso lo pudo hacer en su día. Ahora forma parte de su repertorio y lo utiliza para acelerar el peloteo, para que Aimar, en este caso, disponga de menos tiempo para decidir qué hacer, para estar encima de la segunda jugada. No crean que todo lo que hace es tan alocado como parece. Los funambulistas, por kamikazes que parezcan, también poseen su técnica para mantenerse de pie sobre el alambre, aunque carezcan de red de seguridad.
Hasta Aimar Olaizola, que salió con la intención clara de buscar el saque-remate cuando se presentaba la ocasión, se contagió de la estrategia del delantero de Ibero y entró de aire, sobre todo de sotamano, bastantes más veces de lo que cabía esperar de él.
Pocos tantos largos
Los dos jugaron con prisas, sin pausa. El tanto más largo fue uno de 19 pelotazos. No abundaron los de más de diez. Uno y otro buscaron el remate con rapidez.
El partido comenzó igualado, con alternativas en el mando en el marcador, sin dueño claro. Las tacadas eran cortas, de tres tantos a lo sumo. Aimar Olaizola se adelantó 9-8. En el siguiente tanto se lanzó a acabar con una cortada de zurda al ancho. Se le escapó a la contracancha con claridad.
Recuperó Martínez de Irujo el saque y logró ocho tantos consecutivos que decantaron la final y, a la postre, resultaron definitivos. Coincidió con su mejor fase de juego. Retrasó bien la pelota de derecha y terminó con brillantez. El 9-13, por ejemplo, vino como consecuencia de un dos paredes de sotamano para enmarcar. Aimar le ayudó con la pérdida de un par de restos de saque que no aparentaban peligro.
Pero Irujo no podía marcharse sin volver a dejar su sello en la cancha. Se vendió en una dejada, le rebasó Aimar y el 10-16 le dio aire y el saque. Irujo no le esperó atrás y a partir de ese momento restó adelante todos los saques menos uno, el último de Olaizola. Quería evitar a toda costa el saque-remate de Irujo. Se vio con claridad.
Aimar se acercó al 13-16, Irujo volvió a abrir brecha, 13-19, pero fue en busca de un gancho a la pared izquierda sin ninguna necesidad y el saque volvió a ser colorado, tan colorado que la diferencia se apretó a dos tantos, 17-19, después de que un sotamano de Aimar en escapada diera justo encima de la chapa. El siguiente sotamano se le cayó abajo y con ello sus aspiraciones de vestirse la txapela. Irujo resolvió con un pelotazo atrás y otro saque restable. Vuelve a ser el mejor.