Sábado, 3 de junio de 2006
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CRÍTICA DE TV
Momio
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El rumor se ha hecho pasta y finalmente será Cuatro (Sogecable) la cadena que emitirá los partidos de «interés general» del Mundial. Se verifica así una hipótesis que muchos habían señalado desde el principio, a saber: que la compra de los derechos del Mundial por La Sexta no tenía por objeto emitir los partidos, sino fortalecer a la nueva cadena, darla a conocer, acelerar la 'antenización' de su señal y, después, vender el fútbol a algún socio especialmente cualificado.

También se especuló desde el principio con que ese socio sería Cuatro, pero para esto había un problema formal nada desdeñable: si La Sexta no podía emitir los partidos por incapacidad técnica, los derechos de emisión tendrían que volver al mercado y allí ser de nuevo sometidos a puja entre los operadores, lo cual abriría el campo a Telecinco, TVE y Antena 3. Pero he aquí que ha ocurrido algo sensacional: los derechos de emisión no han vuelto al mercado, sino que han ido a parar a otro agente que estaba esperando con el cazo puesto. Lo que huele raro en todo este asunto es que la elección del 'socio salvador', la designación de quién va a emitir los partidos de España para salvar el traspiés de La Sexta, no se haya realizado mediante un concurso, sino a través del muy tradicional sistema digital, o sea la elección a dedo de un beneficiario. Y es eso lo que ha encrespado los ánimos de Telecinco y Antena 3.

Hay razones para preguntarse si estas cadenas no deberían haber peleado antes, si no hubieran hecho mejor en poner dinero sobre la mesa desde el primer momento, en vez de esperar a que les cayera el momio sin esfuerzo. Pero desde un punto de vista jurídico, es difícil negar fundamento a su enojo. Se mire como se mire, aquí ha habido mucho juego por debajo de la mesa. En el mercado español de la televisión hay un derecho de la competencia, unos reglamentos de concurrencia pública, una serie de mecanismos que sirven para evitar abusos y para garantizar que los agentes puedan trabajar en igualdad. La diferencia entre el capitalismo y la ley de la jungla reside en estos pequeños detalles. Si prescindimos de ellos, el campo queda abierto a la cacicada, a la arbitrariedad.



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