Finalizada la temporada, con la serenidad necesaria he hecho un análisis del trato que han recibido todos nuestros representantes, digo ¿todos! Los datos demuestran que ha habido partidos, por ejemplo el celebrado ante el Aloña Mendi en Oñati, en los que el colegiado ha perjudicado, a mi juicio, de manera consciente al Ordizia. ¿Qué ocurre? Que hablamos de una categoría en la que no sólo no hay compensación económica alguna, sino que en determinados casos, jugar te cuesta dinero. De esta manera, la única recompensa que queda es recoger el fruto de tu trabajo y de tu esfuerzo; a cada uno lo suyo, empeñados, más que nunca, en que prevalezca la justicia.
Termina una temporada en la que el Ordizia ha tocado el ascenso. No sé si hubiera subido. Tenía equipo para ello. Lo que no me cabe ninguna duda es que no se le ha hecho justicia y que por lo tanto, decisiones verdaderamente escandalosas, le han impedido estar ahí, hasta el último momento, entre los candidatos a la nueva categoría. Y cuando las cosas ocurren de esta manera, provocan una profunda frustración, ganas de dedicarse a otra cosa, ánimo extensivo a la junta directiva y a los aficionados. Acaba una temporada pero inmediatamente empieza otra. Es hora de ir preparando el equipo de la próxima campaña, pero ¿qué sucede? Que cuando la directiva empieza a hablar con estos hombres para volver a contar con ellos, se encuentra que con tanta humillación recibida no están por la labor. Este año le ha tocado al Ordizia, pero la cosa no ha terminado aquí. Volverá a pasar y quizá a otro club. Señores de la Federación Guipuzcoana y del Colegio de Árbitros: si no toman estos problemas en consideración nos dejan sin fútbol en los pueblos de Gipuzkoa porque los principales protagonistas, de este deporte totalmente amateur son los futbolistas. No queremos que nos quiten las ganas de ir al fútbol y menos que Ordizia se quede sin el equipo de Preferente.