Rocío Jurado dio ayer su último paseo por el pueblo de Chipiona (Cádiz), donde nació la cantante y que la despidió como «la más grande», entre miles de personas que arrojaron cientos de claveles a su ataúd, llevado en su camino al camposanto por los costaleros de la Virgen de Regla. La cantante recibió sepultura en el Cementerio Municipal San José a las 14,30 horas en una ceremonia que se celebró en la intimidad por expreso deseo de la familia y descansa ahora junto a sus padres como era su deseo. El alcalde, Manuel García, dijo a los periodistas que el monumento que se haga a su memoria en el cementerio de San José «será el más grande del camposanto para que la gente la recuerde». Miles de personas acompañaron el féretro por las calles de la localidad y, durante el funeral, celebrado a mediodía, aguardaron junto al Santuario para consolar a la familia de la cantante. En la misa flanquearon el ataúd de Rocío Jurado sus familiares más cercanos, todos enlutados y llorosos, y entre los cientos de personas que siguieron la ceremonia en el santuario se encontraban representantes de la política, como la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez; del espectáculo, como los cantantes Isabel Pantoja y Julio Iglesias, y del toreo, como el matador retirado Curro Romero. El féretro salió del Santuario en uno de los momentos más emotivos del día cuando un aplauso arrancó espontáneo de los asistentes al oficio religioso, que fue de inmediato seguido por los chipioneros que aguardaban fuera en cuanto vieron aparecer el ataúd, que también recibieron con gritos de « Rocío, te queremos» y «Rocío, guapa». Los costaleros de la Virgen de Regla, que portaron el ataúd a ritmo de procesión antes de depositarlo en la capilla ardiente, cargaron el féretro a hombros y arrancaron a paso de marcha durante el primer trayecto con la idea de desviarse y encauzar la casa familiar de Rocío en Chipiona. Una vez allí, giraron el féretro y lo pusieron de frente a la vivienda, lo que provocó una cerrada ovación tras la cual el ataúd volvió al itinerario previsto. La hora y veinte minutos que duró el traslado desde el Santuario al camposanto fue el tiempo que duró el largo aplauso con el que los chipioneros iban recibiendo a su artista de esquina en esquina y de una calle a otra. Mientras las mujeres arrojaban pétalos.