Sábado, 3 de junio de 2006
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Pelota
Los padrinos de Aimar e Irujo
Nevó en Lekunberri en el debut del de Goizueta, que tuvo como zaguero a Iñigo Alberdi. Y fue Aitor Elkoro quien cubrió las espaldas del de Ibero en el Labrit
Los padrinos de Aimar e Irujo
Martínez de Irujo y Olaizola II, en uno de sus enfrentamientos. Sus padrinos recuerdan el debut de ambos como si hubiera sido ayer. [JOSÉ MARI LÓPEZ]
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SAN SEBASTIÁN. DV. Aimar Olaizola y Juan Martínez de Irujo tienen padrinos guipuzcoanos en la pelota. El azkoitiarra Iñigo Alberdi apadrinó al delantero de Goizueta en su debut, el 12 de abril de 1998 en Lekunberri. Perdieron 22-16 ante Soroa III e Hirigoien. Juan Martínez de Irujo hizo su estreno como profesional con Aitor Elkoro, cinco años después, el 6 de junio de 2003 -el martes se cumplirán tres años- Ganaron 22-21 a Gonzalez y Eulate. Ambos dieron el salto con Aspe.

Alberdi III, Kaxka, recuerda el debut de Aimar como si se hubiera producido ayer: «Ni le conocía. Había oído hablar de él, sabía que en juveniles jugaba a menudo con Barriola. Dos días antes me dijeron que iba a debutar conmigo y fui a Lekunberri».

Su rival en los cuadros alegres fue Juan Miguel Soroa, quien no ha olvidado «el frío que hacía aquel día. Era abril y nevaba fuera. Vino mucha gente de Goizueta. No fue un gran partido, pero le observé detalles. Era un chaval, tendría 18 años, estaba sin hacer. Destacaba por su habilidad, por su tranquilidad, por su oficio».

Alberdi III coincide en la apreciación de Soroa III: «Me pareció un joven veterano. Para su edad conocía bien el oficio. Poseía una buena zurda, se desplazaba rápido en la cancha. Y me sorprendió cómo retrasaba la pelota cuando metía la palanca con la derecha. Retrasaba la pelota con facilidad. Y tenía el mismo temperamento que ahora. Ha progresado con el tiempo, pero ya entonces apuntaba buena parte de las cualidades que le han convertido en figura».

Soroa III, por su parte, recuerda el comportamiento de Aimar en el vestuario: «Demostró saber estar. Estuvo tranquilo, sin fanfarronerías. Me pareció humilde». Alberdi III dice que «sí, es verdad. También era un poco vacilón».

Iñigo Alberdi guarda otro recuerdo: «Cuando debutó no andaba bien de las manos. Entonces jugábamos muchos partidos con Aspe, alrededor de ochenta al año. Él lo hacía a base de ponerse trapo y alguna chapa. Jugaba como podía. Ello no le impidió progresar de forma importante. A los ocho meses del debut le vi jugar en Biasteri y me encantó. Había mejorado una barbaridad».

El zaguero azkoitiarra, que disputó su último partido con Aspe el 24 de marzo de 2001 en Sunbilla, conserva en la memoria dos o tres partidos de Aimar: «A los pocos días de debutar jugó un cuatro y medio contra Oskar Goñi en Leitza. Perdió 18-12. Oskar dominaba la jaula. En fiestas de Zumarraga, el riojano Dani le metió doce o trece ganchos. Fueron como los aces del tenis. Aimar ni las tocó. Entonces llevaría un par de meses de profesional. Al poco tiempo, en agosto de ese año, fuimos rivales en Fuenmayor. Él jugó con Matute III y yo con Tolosa III. Nos anduvo como mariposas, de un lado a otro. Me impresionó».

Alberdi III cuenta una anécdota: «Un viernes por la noche estaba viendo un partido suyo por la tele con mis amigos. Les dije que Aimar ganaría un día la txapela manomanista. Se reían».

Irujo, sotamano con 21-21

Desparpajo es la cualidad que mejor define a Martínez de Irujo. Desparpajo es lo que demostró Irujo en el partido de su debut, un viernes por la noche en el Labrit ante las cámaras de ETB1. Elkoro se acuerda de un detalle: «Estábamos 21 iguales y el saque estaba en poder de Gonzalez. Sacó y Juan restó de sotamano. Con 21 iguales. El debutante no se cortó un pelo. Y después ha seguido igual. Eso es algo con lo que se nace. Lo tienes o no lo tienes».

El zaguero de Elgeta le conocía de antes porque «habíamos coincidido en algún entrenamiento de Aspe siendo él aún aficionado».

Jugaron mucho juntos durante aquel verano: «Seis o siete partidos casi consecutivos. Hicimos de todo: ganar, perder... Seguía igual. Yo pienso que mantiene su estilo de juego, no lo ha cambiado. Ha ganado en confianza y en fuerza, en potencia».

Sus cualidades para la pelota eran indudables. La cuestión residía en si explotaría antes o después. Elkoro pensaba que «le iba a costar subir arriba por los riesgos que adquiría. Ni yo, ni nadie, creía que iba a tener semejante progresión. Pienso que ni él mismo se cree su progresión y lo que está jugando a pelota. De vez en cuando sale algún crack y éste es uno de ellos».

Juan Martínez de Irujo aparece a menudo como una persona nerviosa, intranquila, precipitada. Aitor Elkoro, después de haber convivido con él dentro del vestuario, asegura lo contrario: «Es un tío muy tranquilo».

Padrino de Irujo, Elkoro también ha coincidido cantidad de veces con Olaizola II. Eran otros tiempos. El de Elgeta era zaguero de primera y el de Goizueta, un chaval que empezaba: «Yo he jugado pareja contra trío contra Aimar, en el Adarraga de Logroño. Titín y yo nos enfrentamos a Esain, Olaizola II y Otxandorena. Les ganamos 22-15. Cómo cambian las cosas... Es ley de vida».



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