El desenfadado pop-rock de de los cuatro madrileños se ha impuesto masivamente en el panorama juvenil. No hay más que ver los alborotos que sus conciertos concitan. El Canto del Loco y su cuarto disco de estudio, Zapatillas, son ya una arrasadora realidad social. Y están marcando sus propios récords como en cuanto a visitas a Donostia, tan reiteradas, ocho en total.
Dani Martín, David Otero, Chema Ruíz y Jandro Velázquez han pasado -además de por Anoeta,- por Gazteszena, en Semana Grande, por el Kursaal y han actuado hasta tres veces en Ilunbe.
Emergidos de entrada como fenómeno de fans, en unas claves estilísticas que recordaban al rock en castellano más representativo (grupos emblemáticos como Los Brincos, Tequila, Mamá, Los Secretos, Nikis, Los Ronaldos y similares), han conseguido en pocos años hacer calar masivamente unas canciones más bien sin demasiadas profundidades en su mensaje y continuistas en cuanto al esquema estilístico y musical en general.
Ellos mismos no disimulan esa supuesta «poca originalidad» y la matizan: «Nosotros no hemos ocultado nunca nuestras influencias. Puede que recordemos a otros grupos, pero tenemos personalidad propia. Las guitarras y la voz van tomando el punto en el que, al momento, identificas de qué grupo se trata. No somos una banda que guste por su imagen o por su pose. Si tenemos el éxito que estamos consiguiendo es porque en nuestras canciones hablamos sobre cosas personales. Hablamos de lo que nos pasa a nosotros mismo y de lo que pasa a los demás. Son sentimientos que llegan a la gente».