No creo que sea una buena idea la de que los estudiantes de enseñanza obligatoria vayan a utilizar como instrumento de estudio y aprendizaje libros que al finalizar el curso han de devolver en condiciones de ser de nuevo utilizados por otros estudiantes, so pena de tener que pagar el 75% restante del 25% ya pagado por su uso. De nuevo se minusvalora el gasto familiar en educación. Socialmente es un engorro eso de que en setiembre venga el niño o niña con la lata de los libros, los lápices, los cuadernos, etcétera. Eso sí, cuando llegó la comunión o cuando se le bautizó, no se reparó en gastos, seguro.
Pues bien, el libro de texto es un medio clave en la educación de la persona. Es su primer contacto con la lectura, la investigación y la organización de los conocimientos. Hay que valorarlo como se debe.
El alumno ha de trabajarlo, expresar en él libremente su modo de entender el uso que ha de hacerse de él: subrayando lo que considere oportuno, anotando lo que crea conveniente en los márgenes o donde sea, rellenando espacios al efecto, etc. incluso escribiendo alguna poesía o dibujando algo en la contraportada. Un buen estudiante ha de terminar con el libro de texto sobado, arrugado y con una marca oscura en el lado de las páginas, de tanto haberlo abierto y cerrado. Ha de ser su libro: su compañero de aprendizaje, su referencia cuando en el futuro necesite recuperar cualquier conocimiento que extrajo de él. Porque aquí llega la segunda gran función del libro de texto: ha de componer una parte de esa pequeña biblioteca que todo estudiante debe poseer, donde poder acudir a aquel párrafo que estudió en el libro de Historia de hace unos años, y que sabe perfectamente dónde se ubica, porque se trataba de su libro de Historia.
Esta medida será políticamente muy correcta, muy populista, pero de progresista nada: es un nuevo atentado al valor que se le da a lo que representa la Educación, con mayúsculas, para un niño. Niño que tal vez hasta viva con la angustia de tener a sus padres controlando que no lo use demasiado, no vaya ser que no lo puedan devolver a fin de curso y tengan que pagar el 75% restante.
¿No sería mejor que el Gobierno Vasco emplease los más de 46 millones de euros que le supone esta medida en becar a las familias que no pueden comprar libros?