Viernes, 2 de junio de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
desarrollo social
Solidaridad, la mejor inversión
La banca ética da sus primeros pasos en el País Vasco mientras las entidades tradicionales responden con productos sociales
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LA BANCA ÉTICA
Objetivos: Por un lado financian actividades económicas que tengan un impacto social positivo. Esto significa apoyar empresas y proyectos culturales, humanitarios, ecológicos, además de poner recursos a los más pobres. El otro objetivo principal es ser viable y obtener excedentes económicos que permitan a reinversión social.

Fiare: Es el primer banco de este tipo del País Vasco. En Donostia, acaban de abrir una oficina en el paseo de Salamanca, número 2.

Inaise: Es la Asociación Internacional de Inversores en Economía Social, una red creada en 1989 para demostrar que el dinero puede ser una forma de cambio social.

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SAN SEBASTIÁN. DV. No todo vale para hacerse rico sin quebrantar la ley. El alcohol, el tabaco y el juego fueron las primeras acciones del pecado, áreas de negocio que cuáqueros y otros grupos religiosos rechazaban, a mediados del pasado siglo, como objetivos para el lucro personal. En Estados Unidos, en los años 50, se acuñó la expresión inversiones socialmente responsables para referirse a aquellas que, además de buscar la rentabilidad, cumplían ciertos requerimientos religiosos o sociales. El término hizo fortuna.

Varias estafas de grandes proporciones y la guerra de Vietnam animaron en los años 60 movimientos cívicos empeñados en una regeneración de valores que incluía el mundo económico. La implantación de la business ethics dio lugar a toda una modalidad bancaria que pretendía convertirla en su leiv motiv, aunque a menudo rechazara el adjetivo para no sugerir que el sistema tradicional carecía de dichos principios.

La Fundación de Inversión y Ahorro Responsable (Fiare) es la primera iniciativa de este tipo en el País Vasco. Ayer y hoy ejerce en San Sebastián de anfitriona de la conferencia anual de la Asociación Internacional de Inversores en Economía Social, una red de entidades financieras que apoyan proyectos de interés medioambiental y social. A través del Inaise, inversores sociales de Noruega, Sudáfrica, Costa Rica o Japón, entre otros países, han aunado esfuerzos para intercambiar experiencias, diseminar información y demostrar al mundo que el dinero puede ser una forma de conseguir un cambio social y medioambiental positivo.

En ese colectivo entra la banca ética. La exigua experiencia local la aportarán la firma vasca Fiare y la sucursal española del Triodos Bank, creado en Holanda hace un cuarto de siglo y radicado desde hace dos años en Madrid y Barcelona, si bien ofrece servicios por internet en todo el país. La economía social, la cultura y el medio ambiente constituyen las tres facetas a las que se refiere su nombre. «Existían otras instituciones que promovían el concepto de financiación ética, solidaria y alternativa, pero ninguna como la nuestra, con supervisión del banco central correspondiente, ofreciendo productos y servicios como cuentas corrientes y de ahorro», asegura Esteban Barroso, director gerente.

Aunque pioneros, su ejemplo ha cundido en Europa. La Banca Popolare Etica, avalista de Fiare, incluso dispone de cajeros automáticos en su red de oficinas italianas.

Condiciones y garantías

El cliente que deposita dinero en alguna de estas entidades se guía por una serie de ideales y desea que su dinero alimente proyectos de integración de marginados, apoye planes de agricultura ecológica o aliente planes de cooperación al desarrollo. Pero también requiere seguridad y liquidez, y los fondos de garantías y el control oficial otorgan esa confianza y credibilidad. «Ante todo, somos un banco, con su correspondiente ficha, homologado en derechos y obligaciones al resto de firmas. Damos prestaciones y una atención profesional». Incluso aspiran a convertirse en la entidad de referencia de atención cotidiana con todas las prestaciones del minorista, si bien Barroso prefiere hablar de un horizonte en el que el usuario cubra su demanda entre varias instituciones, la ética y la convencional.

La banca tradicional no ha dado la espalda a los ahorradores con conciencia social, una cuarta parte del total. En Kutxa, por ejemplo, los productos y servicios con fines solidarios y sociales tienen desde hace años un hueco entre la oferta de la entidad. Entre ellos, están los microcréditos, destinados a aquellas personas que no pueden acceder a estas herramientas bajo las condiciones financieras habituales. Cuenta asimismo con depósitos sostenibles y financia proyectos directamente relacionados con la preservación del medio ambiente, además de sensibilizar a la sociedad en el cuidado y protección de los recursos medioambientales. Además está adscrita al pacto mundial de Naciones Unidas Global Compact como iniciativa encaminada a reunir a empresas y organismos para apoyar nueve principios universales en materia de derechos humanos, trabajo y medio ambiente.

Otro de los ejemplos es la Fundación BBK Solidarioa, que surgió hace tres años para facilitar medios a ONG y a personas que no pueden acceder a préstamos por falta de patrimonio y garantías. «Tan sólo actualizamos herramientas y realidades, pero se corresponde con nuestra manera de hacer durante casi cien años, que es intentar mejorar el mundo más cercano. Tenemos claro que somos una entidad ética, aunque el logotipo no lleve ese adjetivo», dice Arantxa Gandariasbeitia, su coordinadora. Han dado luz verde a más de mil microcréditos, una práctica aún excepcional en Euskadi. Aunque la concurrencia de Fiare y la fundación puede ser entendida como cierta competencia, cree que en el mercado hay sitio para todos.

Además, las firmas financieras tientan al cliente con la oferta de fondos de inversión «solidarios» y «éticos». Los primeros se distinguen porque establecen una cláusula por la que cierto porcentaje de la adquisición del producto se destina a un fin social, mientras que los segundos ponen el énfasis en la selección de criterios para determinar su aplicación. La falta de una regulación específica ha dado lugar a iniciativas como la creación de una agencia, impulsada por Triodos y la Fundación Ecología y Desarrollo, que valora la transparencia, las políticas y los sistemas de gestión de las empresas según los principios de sostenibilidad social.

BBK Solidarioa posee uno de estos productos, sometido a una autorregulación pública, y un depósito solidario, con certificación de Aenor. «Creo que llegará pronto una regulación administrativa. En Estados Unidos, en el 11% de la inversión en el mercado de capitales se aplican requisitos de inversión socialmente responsable». En España, el 0,03%.

Los microcréditos

Entre los principios de la banca ética, se menciona a menudo el deseo de atender a individuos y colectivos discriminados por el sistema tradicional, incapaces de acceder a un crédito bajo los estándares habituales. El Grameen Bank fue creado en 1974 por el bengalí Muhammad Yunus para potenciar la figura del microcrédito especialmente entre las mujeres pobres del medio rural en países del Tercer Mundo. Hoy, suponen el 95% de sus clientes y, curiosamente, coincide con el porcentaje de reembolso. Aunque también aspira a ofrecer sus servicios a personas físicas, Fiare ha concedidos préstamos a ONG en sus primeros ocho meses de existencia.



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