MADRID. Mariano Rajoy optó por conceder a la actual situación del terrorismo un lugar relevante en su análisis sobre el estado de la nación y colocó en el frontispicio de su primera intervención una medida descripción de los límites de su apoyo al Gobierno para afrontar el alto el fuego de ETA. Pasó revista -para desacreditarlas- a las políticas de inmigración, seguridad, educación y relaciones exteriores del Ejecutivo, pero puso el foco principal de su examen en el estilo, el fondo y la forma de las actuaciones del presidente José Luis Rodríguez Zapatero y de su gabinete. Rajoy les acusó de sectarismo, de provocar incertidumbre y sembrar la discordia entre los españoles.
«El presidente del Gobierno ha fracasado en su principal responsabilidad que es sembrar certezas, seguridad y confianza», resumió el líder de la oposición el último año de gestión gubernamental cuando, tras el análisis de las políticas sectoriales, se fijó en lo que denominó «el genuino estado de la nación» que se salda, según sus palabras, en «una mala salud de la democracia».
Pero no sólo señaló a Rodríguez Zapatero como principal causante de los problemas, sino que endosó al PSOE en general la entrada masiva de los inmigrantes sin control, la inseguridad ciudadana, el descenso del peso internacional del España o el precio de la vivienda. Asimismo le acusó de desplegar un estilo de hacer política y un sectarismo excluyente que ha sumido al país en una situación que calificó de «alarmante».
«Ocurrencias y parches»
«A la gente le alarma que no se conozca ningún plan del Gobierno propiamente dicho», afirmó Rajoy, y explicó que el Ejecutivo resulta «imprevisible», ya que sólo actúa a través de ocurrencias y parches para salir del paso, «sin medir nunca las consecuencias de sus ímpetus». Intentó así poner de relieve que se ha instalado entre los españoles una desconfianza con respecto de lo que será su futuro y las perspectivas del Gobierno.
«¿Quién puede poner la mano en el fuego de lo que ocurrirá o no en España?», preguntó el líder del PP para concluir que «nadie», ni dentro ni fuera del país, se atreve a hacerlo. Lo que le llevó a concluir que el mayor logro de Rodríguez Zapatero es «la incertidumbre», que explicó como «la pérdida de certezas» y llegó a decir que tal sensación no sólo afecta a los ciudadanos de a pie, sino que también está asentada entre los dirigentes del PSOE. «Todo se ha vuelto elástico de repente, todo está en revisión, como si todo se pudiera cambiar. ¿Por qué hay que cambiarlo?; ¿quién ha dado permiso?; ¿qué vamos a ganar?», preguntó de nuevo.
«Resucitar tensiones»
Con su habitual ironía, Mariano Rajoy añadió a este 'triunfo' otra 'conquista' y denunció que el líder socialista «se ha empeñado en resucitar tensiones que no existían antes de su llegada al Gobierno». «Son mérito suyo», añadió, y dijo que el presidente pone todo su empeño en sembrar «la discordia entre los españoles». Le acusó de revisar el pasado y destacó que «los españoles no me han puesto aquí para sembrar cizaña y no la voy a sembrar ni consentiré en silencio que la siembre nadie». Aseguró que el presidente ha decidido, unilateralmente, «corregir» el consenso y la reconciliación que dio lugar a la Constitución de 1978. Además, denunció el «sectarismo» de los socialistas, a los que describió dispuestos a pactar con ERC y hasta con Batasuna pero comprometidos, en el Pacto del Tinell, a excluir al PP.
El jefe de la oposición intentó, asimismo, socavar la credibilidad del presidente del Gobierno y su imagen de político dialogante y, por el contrario, le atribuyó una forma de actuar poco sincera. «Está desguazando la Constitución disimuladamente», aseveró, y lo describió «intentando desbordar el dique de la Constitución», pero sin decírselo abiertamente a los españoles y sin contar con ellos a través de una consulta de reforma constitucional. «El abanderado del talante se refugia en las oscuridades», denunció, y le endosó un ejercicio de la política que no tiene precedentes en España. «Ningún presidente del Gobierno ha actuado como usted y ninguno en el futuro lo hará», dijo.
Frente a un panorama tan inquietante como el que dibujó en su primer discurso, Mariano Rajoy presentó a su partido como el único garante de la sensatez, del que los españoles pueden esperar un futuro mejor. «¿Qué no harían ustedes si no tuvieran una oposición como la nuestra?», preguntó a los socialistas. Describió a la España del siglo XXI «perpleja y desconcertada como si le hubieran amputado las ambiciones y la alegría», pero se mostró convencido de que pronto se verá superada esta etapa. «España está en unas manos que se aferran con ardor al timón de gobierno, pero no quieren o no pueden o, simplemente, no saben gobernar y desgobiernan». «Por fortuna -añadió-, esta situación es meramente temporal, ni siquiera será larga», y auguró que España ocupará el puesto que le corresponde «entre los más grandes. «De eso -matizó- nos encargaremos nosotros». COLPISA