Miércoles, 31 de mayo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
DEBATE DEL ESTADO DE LA NACIÓN
Zapatero y Rajoy se enfrentan por el modelo territorial pero evitan polemizar sobre ETA
El presidente del Gobierno y el líder de la oposición se enzarzaron en un agrio debate sobre seguridad ciudadana e inmigración.
Zapatero y Rajoy se enfrentan por el modelo territorial pero evitan polemizar sobre ETA
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LAS CLAVES DEL DEBATE
TERRORISMO

Zapatero: Reafirmo mi determinación de trabajar para lograr el fin de ETA. Confío en que todos actuemos con generosidad, porque nos lo demandan los españoles. Comprometo nuevamente mi disposición al máximo diálogo para recorrer el camino a la paz.

Rajoy: Al Gobierno le corresponde dirigir la lucha antiterrorista para lograr la derrota de los criminales. El Gobierno cree llegado el momento de negociar con los terroristas. Espero que se trate de conocer sus intenciones y comprobar si existe una decisión irreversible de abandonar las armas, disolver la banda y pedir perdón a las víctimas. Si es así, el PP lo apoyará. Pero no apoyará el pago de precios políticos a ETA ni a sus cómplices.



MODELO TERRITORIAL

Zapatero: Mi idea de España es la constitucional, la auténtica España de las autonomías, de la diversidad, de la descentralización del poder político.

Rajoy: El presidente vive cautivo de los nacionalistas. Lleva dos años intentando desbordar la Constitución y desfigurar a la nación. Se ha lanzado a una reforma territorial sin un proyecto definido, no sabe qué cambiar ni por qué. No había necesidad de modificar el Estatuto catalán.

REFORMA CONSTITUCIONAL

Zapatero: El Consejo de Estado encuentra razones fundadas para abordar la reforma y propone alternativas para cada una de las modificaciones planteadas. Después del verano me reuniré con los partidos para explorar las posibilidades de consenso.

Rajoy: El presidente desguaza la Constitución disimuladamente, y no puede hacerlo por su cuenta porque no se presentó a las elecciones con un programa para cambiar lo que los españoles quisimos ser en 1978. Mientras los españoles no decidan cambiar, España no es una nación de naciones, ni de realidades nacionales, ni de culturas ni de territorios. Es una nación de ciudadanos.

INMIGRACIÓN

Zapatero: La inmigración sólo podrá ser legal y condicionada a las posibilidades del mercado de trabajo. España pone todos los medios para el control, pero el esfuerzo es insuficiente. Es imprescindible la plena implicación de la UE. Europa cofinanciará las repatriaciones y enviará expertos y equipos de intervención rápida a Canarias. El Gobierno ha reforzado el Fondo de Apoyo a la Acogida e Integración, que hoy dispone de 182,4 millones de euros, 26 veces más que en 2004. Es indispensable cooperar con los países africanos.

Rajoy: El Gobierno está desbordado por la inmigración ilegal. Llega tarde y pone parches donde menos falta hacen. Por cada inmigrante que se juega la vida en 'cayuco' entran cien por los Pirineos. Por el norte, mezclados con trabajadores, «se cuelan plácidamente las mafias y delincuentes».

SEGURIDAD CIUDADANA

Zapatero: La tasa de criminalidad de España está entre las más bajas de Europa, por debajo de Reino Unido, Alemania y Francia. En sólo dos años se han creado 19.000 plazas nuevas de policías y guardias civiles, y 600 de agentes del CNI. Ahora hay más detenciones por infracción que con el Gobierno anterior.

Rajoy: Ha aumentado el número de delitos. Nos enfrentamos a un tipo de delincuencia importada, salvaje, más agresiva de lo que hemos conocido jamás, con asaltos a viviendas y 'secuestros exprés'.

EMPLEO

Zapatero: Es el objetivo prioritario. El año pasado se crearon 900.000 empleos, y España generó el 60% de puestos de trabajo de la UE. La tasa de empleo es del 65%, cuatro puntos más que hace dos años. La de paro es la más baja del último cuarto de siglo.

Rajoy: Reconoce los logros en este apartado, e incluye la creación de puestos de trabajo entre las cuestiones que van «bien».

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MADRID. José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy intercambiaron en el debate sobre el estado de la nación un amplio catálogo de reproches por carecer el uno de proyecto para gobernar y el otro para hacer oposición. El presidente del Gobierno y el líder de la oposición prefirieron enzarzarse en ese terreno y en polemizar sobre seguridad e inmigración para evitar el debate sobre ETA, un asunto sobre el que pasaron de puntillas para no abrir fisuras en el frágil consenso que han labrado y porque el pleno monográfico sobre ese tema se producirá en junio. Esta circunstancia motivó que la sesión fuera menos crispada que la del año pasado, cuando la acusación de Rajoy a Zapatero de «traicionar a los muertos» por plantearse un diálogo con ETA retumbó en las paredes del Congreso y encrespó los ánimos como pocas veces. En esta oportunidad, los rifirrafes en los escaños se pudieron contar con los dedos de la mano y el único incidente reseñable fue la disputa que mantuvo Rajoy y el Grupo Popular con el presidente de la Cámara, Manuel Marín, por el tiempo asignado para las intervenciones.

El presidente del Gobierno y el líder popular optaron por endosarse la acusación de estar instalados en la nada política. Rodríguez Zapatero reprochó a Rajoy capitanear «una oposición fallida» integrada por «profetas del desastre que son un desastre de profetas» porque ninguno de sus augurios «catastrofistas» se ha hecho realidad. Recriminó al líder opositor no haber presentado «ni una» propuesta en el debate sobre el estado de la nación de este año ni en el anterior. El PP, añadió, pudo elegir entre una oposición «útil» o esperar a que «vayan muy mal las cosas» al Gobierno, y optaron por la segunda vía que ha demostrado ser «una senda que no que lleva a ningún sitio».

El líder opositor contraatacó y acusó al presidente de no tener «ni ideas ni proyecto» y su gestión se limita a «seguir en el poder» a cualquier precio. Una estrategia, dijo, que pasa por «excluir» al PP de cualquier acuerdo en una clara muestra de «sectarismo». Rajoy limitó las actuaciones gubernamentales a que de vez en cuando «se le ocurren cosas», pero en ningún caso se puede hablar de una forma de gobernar. Y remató: el de Rodríguez Zapatero es el Gobierno «menos preparado» de la historia de la democracia.

Cifras

Junto a las mutuas acusaciones de vaciedad, el jefe del Ejecutivo y el presidente del PP se arrojaron una catarata de cifras sobre índices de criminalidad y oleadas de inmigrantes. Rajoy sostuvo que la situación es «peor que nunca» y Rodríguez Zapatero dijo que no es para tanto; en todo caso, añadió, el panorama era más difícil cuando el propio líder de la oposición estuvo al frente de Interior. En aquellos años, sostuvo, los casos de criminalidad pasaron del 45,5 por mil personas al 50,5 por mil. Lo mismo ocurrió con la inmigración: el jefe del Gobierno rememoró que fue con el anterior Ejecutivo cuando se batió el récord de llegada de pateras, y el líder opositor replicó que por cada inmigrante que llega a Canarias se cuelan cien por los Pirineos.

Otro flanco para la dialéctica fue la política territorial -Rodríguez Zapatero llegó a decir a Rajoy que «usted no tiene ni idea de lo que es realmente España»- y la exterior, terreno en el que el presidente del PP afirmó que la actuación diplomática del Gobierno es «cabizbaja y errabunda» en Europa y apoya a los «populismos revolucionarios» en América Latina. En síntesis: «España ha desaparecido del mapa».

El debate sirvió también para comprobar que el idilio entre el Gobierno y CiU va 'in crescendo'. Un lapsus de Rodríguez Zapatero describió la situación mejor que mil palabras, y en un reproche a Rajoy se le escapó que el PP busca el abrigo de CiU para entrar «en el próximo Gobierno de Cataluña». Un reconocimiento que Durán Lleida agradeció y, a su vez, se ofreció para que los nacionalistas catalanes se incorporen a un Gobierno central socialista, aunque el apoyo no será «gratis».

Fue un debate extraño a la par que, y de forma excepcional, tranquilo. El principal argumento de la política nacional quedó al margen por el acuerdo alcanzado entre el jefe del Ejecutivo y el presidente del PP para soslayar cualquier confrontación sobre el diálogo con ETA y la apertura de un proceso de paz. Rodríguez Zapatero y Rajoy convinieron en una conversación telefónica que no era el asunto de este debate, y pese a que los portavoces de otros grupos hicieron referencias al tema, ambos se limitaron a enunciar principios generales.

El presidente del Gobierno dedicó trece líneas en su discurso de 44 páginas para pedir que «todos actuemos con generosidad» ante la oportunidad abierta por el alto el fuego. El líder de la oposición tampoco se explayó y su alusión al tema ocupó cinco párrafos de su intervención, en los que brindó su apoyo al Ejecutivo para que hable con ETA con el único fin de «conocer sus intenciones y comprobar si existe una decisión irreversible de abandonar las armas, disolver la banda y pedir perdón a las víctimas». En ningún caso, añadió, tendrá el respaldo del PP para «pagar un precio político ».



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