Miércoles, 31 de mayo de 2006
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En espera del maná humanitario
Decenas de miles de damnificados por el terremoto de Indonesia siguen sin recibir ayuda humanitaria cinco días después de la catástrofe, que se ha cobrado ya 5.700 vidas
En espera del maná humanitario
Un médico militar opera a uno de los heridos por el terremoto en un hospital castrense de Bantul, cerca de Yogyakarta. [REUTERS]
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JETIS. DV. Cinco días después del devastador terremoto que estremeció Java aún hay decenas de miles de personas que no han recibido ningún tipo de ayuda humanitaria. Y es que, a pesar de que la comunidad internacional se ha volcado en el envío de alimentos, medicinas y tiendas de campaña, la magnitud de la tragedia es tal que todavía quedan numerosos pueblos totalmente abandonados.

Debido a la elevada densidad de población de la isla, donde vive el 65% de los 240 millones de habitantes de Indonesia, comunidades enteras continúan en espera de un maná humanitario que no acaba de llegar. En Segoroyoso, una aldea de la devastada ciudad de Bantul donde han muerto 40 de sus 750 habitantes, ni siquiera han oído hablar de los casi 100 millones de euros prometidos por el Gobierno para acometer las labores de reconstrucción.

«El 99% de las casas se ha venido abajo y no se ha salvado ni un solo televisor o una radio. De todas maneras, tampoco nos habrían servido de mucho porque no tenemos electricidad, por lo que de noche debemos recurrir a las velas y las lámparas de petróleo», explicó Tumiram, un agricultor que aseguró no haber recibido aún ninguna ayuda del Gobierno.

De hecho, las únicas provisiones con las que han podido sobrevivir son las proporcionadas por familiares y amigos de zonas cercanas, que estos días abarrotan las carreteras llevando galletas, noodles y leche a los damnificados. En este sentido, la solidaridad de la sociedad civil de Indonesia ha conseguido paliar, al menos en parte, las deficiencias en el reparto de la ayuda internacional, que suele perderse con demasiada frecuencia en un auténtico laberinto de burocracia y corrupción.

Entre escombros

Mientras la ONU anunció ayer que suministrará comida a 80.000 personas durante el primer mes y a otras 50.000 más en el segundo, miles de afectados inundan las carreteras pidiendo limosna o escarban entre los escombros de sus casas intentando recuperar sus pertenencias. «Aquí vivíamos antes seis familias numerosas y todos nos hemos quedado sin hogar. Ahora dormimos veintisiete en la camioneta de uno de nuestros vecinos», relató Ari Wardiyati, una empleada textil de 26 años residente en Jetis, otra de las localidades más dañadas por el seísmo de 6,3 grados que se ha cobrado ya 5.700 vidas.

A pocos kilómetros de allí, en el villorrio de Kembang Songo, perdido en un frondoso bosque de cocoteros y bananos, Prengil y su marido, Panut, han utilizado los tablones de su casa derruida para improvisar una pequeña cabaña. En este cuchitril, los cinco miembros de su familia se resguardan de las lluvias torrenciales que cada noche azotan la castigada provincia de Yogyakarta. «Confío en que la ayuda del Gobierno y de otros países llegue pronto, porque de momento lo único que hemos recibido han sido víveres repartidos por la compañía tabacalera», manifestó la mujer.

Junto a las contribuciones de empresas privadas, numerosas ONG extranjeras y grupos religiosos de todo tipo procuran llegar a aquellos rincones que han quedado desatendidos. Es el caso de los mormones de los Santos del Ultimo Día, que ayer distribuían 720 sacos de arroz de veinticinco kilogramos en las aldeas cercanas a Pleret, una población que parece haber sido borrada del mapa.

No en vano, el potente temblor de tierra ha dañado a 25.000 casas y ha destruido 4.000, dejando a 200.000 personas sin techo. Al igual que Bamban, muchos damnificados aguardan sentados en su mecedora a recibir algún tipo de ayuda. Lo malo es que no lo hacen bajo su porche, sino entre los restos de lo que antes era su ya de por sí modesto hogar.



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