BRUSELAS. DV. Alemania está tomando las riendas del proyecto europeo de Unión Política, tras el rechazo franco holandés del Tratado Constitucional hace ahora un año. Aunque la cumbre europea prevista para junio no va a ser capaz de dar una orientación sobre el futuro de la Europa comunitaria, tras un primer año de «reflexión» sobre el proyecto común que se prorrogará aún durante otro más, existen ya indicios suficientes para barruntar por dónde comenzaría a verse el final del túnel.
Desde que los holandeses y los franceses rechazaron en sendos referendos el proyecto de Constitución, se da por asumido que la UE tiene un problema. Obviamente es así: Europa tiene un obstáculo. Pero lo tienen primero Francia y Holanda, que han decidido separarse de lo que es la tendencia común de la UE. Son ya 15 estados miembros los que han ratificado el Tratado Constitucional, y Finlandia podría sumárseles este segundo semestre de 2006, cuando ejerza su mandato presidencial al frente de la Unión.
La estrategia de Angela Merkel parece estar orientada a producir una especie de «cambio de la prueba» en esta crisis: situar a Francia y a Holanda -y eventualmente a Reino Unido y a Polonia- ante sus responsabilidades, frente a una UE mayoritariamente a favor del modelo de Unión Política.
No puede explicarse en otra clave que en ésta la firme oposición de Berlín a cualquier enjuague que le permita a la UE salir del paso, y dar una impresión fugaz de dinamismo que no se vea respaldado por un esquema institucional acorde con los tiempos que corren.
Es Alemania quien se opone al plan de París de poner en marcha una especie de «Europa de los proyectos», que permita dotar de dinamismo a la construcción comunitaria mediante iniciativas muy aparentes. Es Berlín la que se opone a facilitar la comunitarización de los asuntos del tercer pilar, sobre la base de una propuesta que la Comisión Europea se propone hacer a finales de junio.
Y es Alemania la que veta iniciativas que podrían conducir a una especie de resumen de la Constitución para hacerla digerible a franceses y holandeses. Lo que Merkel busca es reservarse un espacio de maniobra amplio para pilotar, mediante negociaciones discretas con los socios comunitarios durante su presidencia al frente de la UE una salida ordenada de la crisis.
El recurso secreto consistiría subordinar el futuro del polémico Título Tercero de la Constitución al debate sobre recursos propios previsto en el acuerdo de Perspectivas Financieras para 2008/2009.
Voluntades
Las voluntades holandesas y francesas se sumarían a la discusión, sobre todo si se tiene en cuenta que el Título Tercero de la Carta Magna es, en esencia, lo que ya existe en los Tratados como materia comunitarizada.
Lo que se resiente en el planteamiento alemán es la ampliación. Rumania y Bulgaria entran en la UE -probablemente en enero-, pero Croacia no lo hace hasta 2011. De Turquía ni se habla y los Balcanes Occidentales permanecen confinados a un capítulo de las buenas obras, a realizar algún día.
Los imponderables son grandes. Francia va a la deriva, pero habrá que ver las intenciones del ganador de las presidenciales de 2007, porque se le presupone la intención de dar un cambio de rumbo. ¿Pero cuál?