MADRID. Guinea Ecuatorial, Bosnia-Herzegovina, Guatemala, Kosovo, Macedonia, Irak, Afganistán e Indonesia. Son lugares regados con la sangre de los 124 militares españoles de los tres Ejércitos y la Guardia Civil muertos desde 1987 mientras desempeñaban operaciones de mantenimiento de la paz en países azotados por guerras o catástrofes naturales. Los Reyes inauguraron ayer un monumento en su honor y transmitieron a sus familias el aprecio y cariño de toda la sociedad por su sacrificio.
Fue un acto emotivo al que asistieron los Príncipes de Asturias; el ministro de Defensa, José Antonio Alonso; la cúpula militar encabezada por el jefe de Estado Mayor de la Defensa, Félix Sanz, y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. En el patio principal del Cuartel General del Ejército del Aire quedó instalada la escultura 'La mirada del horizonte II', un mástil de acero de casi ocho metros rematado en unas alas abiertas que simbolizan un «canto a la vida», según su autor, el canario Martín Chirino. A sus pies quedaron grabados para siempre los nombres de los 124 caídos. Al tributo no acudieron el presidente Zapatero; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ni miembros de los grupos parlamentarios. Alfonso Agulló, presidente de la principal asociación que agrupa a las víctimas del 'Yak-42', pidió la semana pasada que no acudiesen representantes de los partidos «para que quien ha sido verdugo no se presente ahora a tributar a las víctimas», en alusión al PP.
La ceremonia empezó pasadas las 11:40 horas con la llegada de los Reyes y los Príncipes a la Plaza de La Moncloa. Tras los honores, don Juan Carlos y su familia se acercaron a saludar a los familiares de los fallecidos.
Fue un momento cargado de simbolismo que a muchas víctimas del 'Yak-42' les recordó la tensión de hace tres años en el funeral de Estado celebrado en la base aérea de Torrejón dos días después del accidente. En Torrejón hubo graves insultos a Aznar y a su ministro de Defensa, Federico Trillo, cuando junto al Monarca se acercaron a darles su pésame a las familias. Ayer todo fue distinto: hubo sólo un saludo de los Reyes, colectivo y a distancia, que duró hasta que los afectados rompieron su respetuoso silencio con un sonoro aplauso. Esta vez tampoco iba ningún político detrás.
Después del saludo, José Antonio Gracia, hermano del capitán Santiago Gracia, le entregó al Rey un CD que contenía fotografías de los fallecidos en el accidente, tomadas durante su misión en Afganistán, e instantáneas tomadas en el funeral de Torrejón y en el viaje que las familias realizaron a Turquía para someterse a las pruebas de ADN que certificaron que 30 cadáveres fueron mal enterrados. «Queremos que se ponga en nuestra lugar, que entienda lo que ellos hicieron en la misión y lo que nosotros hemos padecido en estos tres años», explicó.
Alonso pidió «perdón»
El monumento inaugurado había sido concebido para homenajear a los 62 muertos en el accidente del 'Yak', pero el Gobierno decidió extender el homenaje a todos los caídos en operaciones de paz. A los más de 500 familiares que asistieron al acto, José Antonio Alonso les pidió «perdón por el dolor que inevitablemente revivimos», y les transmitió la «condolencia y el reconocimiento de los españoles» y «la gratitud de las gentes de los países en los que ayudaban». «Descansen en paz nuestros soldados, y que vivos perduren su recuerdo y su ejemplo entre nosotros», pidió.
Hubo otro momento de gran emoción, cuando el relator leyó por megafonía, uno a uno, los 124 nombres de los homenajeados. No era difícil, en ese momento, adivinar quiénes eran los padres, madres, esposas, hijos o hermanos de cada uno. Bastaba mirar hacia el lugar donde, con cada nombre, un señor mayor besaba o cogía a su mujer de la mano, o una mujer vestida de negro acariciaba a sus hijos. Hubo quien no dejó de llorar hasta que el ruido de los fusiles y el paso de la Patrulla Águila del Ejército del Aire cerraron el acto. COLPISA