Michael Keating llega con gesto apresurado y el pasaporte en el bolsillo de la camisa a las jornadas sobre el derecho a decidir que se acaban de celebrar en la facultad de Sarriko de la Universidad del País Vasco. «Viajo demasiado», sonríe este profesor escocés y políglota, experto en política regional y nacionalismos, y periódico visitante de Euskadi.
-Usted vaticinó que se abrirían posibilidades de resolver el conflicto vasco si ETA dejaba la violencia. ¿Lo mantiene tras el alto el fuego?
-Sí, por supuesto, aunque haya todavía problemas doctrinales, políticos, para llegar a un acuerdo sobre la autodeterminación o la integración de Euskadi en el Estado español o en Europa. Pero la desaparición de la violencia es imprescindible.
-¿Dónde está situado aquí, a su juicio, el problema político?
-Es un problema de reconocimiento del pluralismo de la sociedad: hay nacionalistas, no nacionalistas, quienes se sienten vascos, españoles... Hace falta re- conocer la legitimidad de esos sentimientos e identidades nacionales. Y también reconocer que la soberanía no es una doctrina que corresponde a las realidades políticas de hoy, que en una Europa en construcción hace falta compartir las soberanías. Es necesario abandonar todos los dogmatismos tradicionales.
-Por resumirlo, ¿eso supone superar los conceptos de soberanía española y soberanía vasca?
-Sí, así se puede interpretar.
-¿Y cuál podría ser, entonces, la fórmula para nosotros?
-Hay un montón de mecanismos: federalistas, autonomistas, secesionistas... Ése no es el problema, el problema afecta al principio: una solución únicamente vasca es imposible y una solución únicamente española es imposible. Si los vascos y los españoles pueden llegar a un acuerdo sobre esos principios, los mecanismos están disponibles. Su aplicación necesita voluntad política.
-Usted dice que no cabe esperar apenas nada de los partidos, que cada vez representan menos a la ciudadanía. Sin embargo, en Euskadi se pretende dejar la solución en manos de una mesa multipartita.
-Hace falta incorporar a los partidos, porque tienen el poder, los mecanismos de poner control en la política. Pero es difícil empezar por ellos, su mentalidad es incompatible con la necesidad de repensar la soberanía, la doctrina de la nación, la autodeterminación... El primer impulso debe venir de la sociedad civil. Su movilización puede obligar a los partidos a cambiar sus posturas y aceptar la realidad de una sociedad compleja, la necesidad de buscar nuevas soluciones. El debate entre los partidos es preciso, pero las nuevas ideas no vienen de los partidos, sino de la movilización de la sociedad civil, de la experiencia de otros países.
-Parece complicado alcanzar aquí un acuerdo sobre el derecho a decidir, esa «voluntad colectiva» que cita en sus conferencias.
-Sí, es complicado. Pero si examinamos los sondeos de opinión, las maneras muy dogmáticas de pensar la soberanía no reflejan la mentalidad de la población. Y existe en ella una voluntad fuerte para una resolución del conflicto, para la paz, para la convivencia.
-El referéndum independentista de Montenegro, ¿es un precedente a tener en cuenta por el País Vasco o la comparación supone un 'delirium tremens', como ha criticado Javier Solana?
-Por supuesto, es posible comparar los dos fenómenos, pero Euskadi no es Montenegro. El pueblo de Montenegro ha elegido independizarse de Serbia, pero no será un estado independiente si como estado independiente pensamos en Francia o Alemania. Es un estado muy, muy débil, que depende de la protección de la Unión Europea; es casi una colonia de la UE. Éste no es buen precedente para Euskadi, nadie en Euskadi aspira al estatus de Montenegro hacia la UE. La situación de Euskadi es muy diferente.
-¿Le parece Zapatero un presidente capaz de promover un Estado español verdaderamente plurinacional?
-Sí, ha aceptado por primera vez ese concepto, es mucho más abierto que sus predecesores. Creo que su actitud es fundamental en el proceso vasco: no es que tenga una solución, pero parece más abierto para repensar el problema y buscar nuevas soluciones.
Nacionalismos
-Usted considera un obstáculo a las élites tanto de los nacionalismos de Estado como de los que están en contra del Estado.
-Sí, ése es el problema, el conflicto de dos nacionalismos: hay un nacionalismo español, hay un nacionalismo vasco, catalán... Son nacionalismos muy tradicionales, decimonónicos, creen en la nación como algo absoluto, que cada nación necesita su propio estado... Pero hay otros nacionalistas que son más abiertos, que aceptan la pluralidad nacional, son más progresistas.
-¿Qué mayoría sería necesaria para sellar un pacto en Euskadi y negociarlo con Madrid?
-No es posible separar esa cuestión de la pregunta que se formularía. Si la pregunta es la independencia absoluta, es muy difícil que resulte sencilla con una mayoría del 51%. Y también lo es al revés, que el 49% sea un mandato para la incorporación total de una nación en el Estado. Una pregunta sobre la soberanía tradicional es imposible. Pero si la pregunta es sobre un proyecto más abierto; si, por ejemplo, hay un reconocimiento de la complejidad de la sociedad vasca, que el País Vasco tiene derecho a negociar con el Estado con respeto a la posición de la minoría... Eso es otra cosa, será una pregunta mucho más inteligente, que puede incorporar a todas las formas políticas.