A vivir en paz tiene derecho casi todo el mundo pero a morir en la misma condición debiera tenerlo la humanidad entera sin excepción. De manera especial la cantante Rocío Jurado cuya agonía se ha convertido en una lamentable romería mediática que está muy cerca de lo insoportable. Las cadenas de televisión -fundamentalmente- han encontrado en la vela chipionera que se apaga un auténtico filón y un modo demasiado fácil de subir sus índices de audiencia.
La familia de la cantante estuvo a punto hace unas semanas de dar un portazo a semejante acoso pero ya era demasiado tarde. Hubieran tenido que añadir a la angustia de ser testigos de una agonía los comentarios fuera de tono de algunos especialistas del corazón que están repartiendo caña mediática con una alegría inconcebible e irresponsable. Rocío Jurado se está muriendo, -eso lo sabe todo el mundo desde hace mucho tiempo- por eso suena ridículo escuchar eso de «estable dentro de la gravedad» o que «conserva ciertos niveles de consciencia». «Se apaga poco a poco pero no sufre».
¿Por qué no la dejan en paz?