El buscador de conchas se quedó ayer mirando a los chicos y chicas del petril de Sagüés, o sea, el muro, y a los gatos de las rocas. Pero la noticia estaba más allá, en el agua. Nos hemos acostumbrado a esas oscuras sombras entre las olas. Diríase que tiburones hasta que de pronto, recortados sobre el blanco del oleaje y en pie sobre sus tablas, se transforman en superhombres, en siluetas de un esplendor fugaz.
Al atardecer había muchísimos surferos en La Zurriola. ¿74? ¿77? Desde luego, más de 70. Imposible contar a aquella masa en movimiento, a aquella tropa de neopreno que casi parece necesitar guardias de tráfico para no chocar.