SAN SEBASTIÁN. DV. No hay tregua. Parece que el serio doble achuchón (físico y mental) por el que pasó Joaquín Sabina hace un tiempo le haya dado aires para no pernoctar en su casa más de un par de días seguidos: no para de girar. Esta pasada noche habrá actuado en la plaza de toros Vista Alegre, de Bilbao, y mañana domingo se presentará en el velódromo donostiarra (a las 21.30 horas y con una entrada que cuesta 30 euros). La organización del evento donostiarra piensa que el cantautor, nacido en Úbeda (Jaén), en el año 1949, congregará en esta ocasión a unas 6.000 personas.
Para que no decaiga, el músico jienense ha levantado ya cierta crítica con el simple título general de su nueva gira por recintos de gran capacidad, programada hasta otoño: Carretera y top manta; nuevo hábil juego de palabras que da para más de una interpretación y que no ha gustado mucho a la burocracia musical. Ramoncín, responsable de SGAE, la tildó de «vomitiva». En respuesta, Sabina le contestó que él «no vende ni en el top manta».
Lo que el creador de Calle melancolía da sin descanso ni racanería es un florido plantel de nuevas y viejas canciones, rodeado siempre de un alto número de incondicionales.
Ni su impronta creativa ni el enganche con el público parecen haber conocido bajón alguno. Destaca en todo caso la cada vez mayor rugosidad de su garganta: a veces parece que se va a quedar ronco entre título y título, como de hecho le sucedió en su comentado gatillazo de Gijón.
Apoyo experimentado
El grupo acompañante se compone de Antonio García de Diego (teclados, guitarra eléctrica, guitarra acústica, armónica y voz), Pancho Varona (guitarra bajo, guitarra portuguesa y voz), Jaime Asua (guitarra acústica y eléctrica y voz), Pedro Barceló (batería) y Olga Román (voz, teclado y percusión menor). Un combo que sigue estando encabezado por músicos de longeva fidelidad al cantante y que apenas ha variado de esquema grupal en los últimos tiempos.
Estuvo Sabina muy recientemente entre nosotros: el pasado invierno, un 7 de febrero, en una doble sesión en el auditorio del Kursaal, con un esquema más acústico, y con las casi 4.000 localidades agotadas bastantes días antes de los recitales. Le acompañaron los mismos músicos que regresan mañana a Anoeta, excepto el guitarra Asua.
Entonces vino de bombín y con una estética escénica marinera (la gira se llamó Ultramarina). A pesar del esquema más relajado no faltó algún «rockanrolito», como el mismo dijera. Se supone que mañana la cosa será mucho más ruidosa, eléctrica y festivalera. Y es de esperar que a la larga y muy popular lista de canciones conocidas se añada la obligada ración de composiciones de su último disco, Alivio de luto.
En recientes declaraciones a este periódico, Sabina ha dicho que el público donostiarra «prefiere los temas más rockeros a las canciones más lentas».