MADRID. Guns 'N' Roses, con el carismático y extravagante Axl Rose como único miembro original del grupo que a finales de los años ochenta consiguió reivindicar para las grandes masas un rock áspero, decadente y urbano, ofreció el jueves por la noche en Madrid un concierto descafeinado donde demostraron ser unos dinosaurios en caída libre.
Después de un breve «entrenamiento» por Estados Unidos, donde la banda ofreció cuatro actuaciones previas a la gira europea que hoy inició en la capital de España, Axl y su enésimo intento por renacer de las cenizas a Guns 'N' Roses fue recibido por cerca de 10.000 personas que abarrotaron el aforo del Auditorio Parque Juan Carlos I.
Los chascarrillos en los alrededores del recinto eran variados. Los más acérrimos seguidores del cantante no escatimaban en saliva para adorar a un mito que parece perdido en encontrarse a sí mismo, mientras que una minoría se despachaba a gusto con calificativos grotescos como «bufón» o «impostor-egocéntrico», insultos que una hora antes del comienzo del espectáculo parecían soeces y fuera de lugar.
Dos horas de recital
Esos «cariñosos» calificativos se convirtieron en verdaderas puyas cuando tras dos horas de retraso el grupo todavía no había saltado al escenario, situación que caldeó el ambiente de una pequeña porción del respetable, que se dedicó a arrancar asientos y a tirar objetos al escenario mientras echaban las culpas a la madre de Axl Rose. Bastaron los acordes de Welcome to the Jungle para calmar al público y por fin iniciar un recital que duró dos horas.
It's so Easy y Mr. Browstone precedieron a Live and Let Die, versión de una composición de Paul McCartney, y cuya principal característica es que con su fuerza y energía supera ampliamente a la canción ideada por el ex beatle.
Tras un buen comienzo llegó el primero de muchos e innecesarios parones. Un aburrido solo ejecutado por uno de los tres guitarristas que forman el excesivo plantel de músicos con los que Axl parece querer llenar un vacío irremplazable -Slash-, precedió a Sweet Child O' Mine, coreada con pasión por los allí presentes.
Sin opción a tomarse un respiro cayó la aceptable versión del clásico de Dylan, Knockin' On Heaven's Door, que consiguió el mismo efecto que el trovador estadounidense logró con el papa Juan Pablo II: dormir a una buena parte del público.
El recital ofrecido por el grupo teledirigido por el divo Axl, que apareció con gafas de sol, vaqueros, y el pelo recogido en una coleta, sufrió un nuevo bajón con la puesta en escena de un tema de su eterno y futuro nuevo disco, que dio paso a un solo de teclado, que enlazó con November Rain.
Tal vez Axl Rose tenga cierta culpa de la desbandada que su grupo sufrió definitivamente en 1993 y de la que todavía no ha sabido levantar cabeza, como demuestra el paso de los trece largos años en los que no ha terminado su esperado nuevo disco Chinese Democracy, del que ofrecieron un aperitivo al interpretar cinco de sus canciones. EFE