IRUN. DV. Bioterra alcanza su tercera edición y la consejera de Medio Ambiente del Gobierno Vasco, Esther Larrañaga, se acercó ayer a Ficoba para inaugurar la propuesta de este año relacionada, como es obligado, con la sostenibilidad y la ecología.
La evolución hacia una sociedad sostenible tiene dos vertientes. Por un lado están los avances tecnológicos que permiten producir de manera limpia aquello que hasta ahora era inevitablemente perjudicial. Valga el ejemplo de los aerogeneradores o las placas fotovoltaicas. En otros aspectos, de lo que se trata es de recuperar aquellas tradiciones productivas que quedaron relegadas al favorecer la eficacia en contra de lo natural y lo ecológico.
La feria presenta una variada oferta de lo uno y de lo otro. Sirva como ejemplo Ecoibéricos de Jabugo, empresa con denominación de origen que crearon Ángeles Ruiz y Miguel López. «Trabajamos de la misma manera que lo ha hecho mi familia durante muchísimas generaciones», señalaba él. Esto significa que los cerdos comen bellotas cuando éstas caen de los árboles; que si no las hay, se alimentan del pasto en los campos «y si tampoco hay»; añadía ella, «se les da grano ecológico». En la elaboración de productos tampoco emplean conservantes ni colorantes artificiales. Todo natural, todo ecológico, y para quien quiera comprobar a qué sabe ésto, ofrecen cata.
Nuevos productos
No son los únicos, porque si de algo puede presumir Bioterra es de la cantidad de oferta gastronómica. Verduras, frutas, vinos, embutidos, txakoli... Y otros productos novedosos; algunos de ellos sólo debutantes en la feria y otros que se han aprovechado de ella para lanzar iniciativas inexistentes hasta ahora en el mercado.
Sojadel se encuadra en el primer grupo. Se trata de una empresa francesa que produce en exclusiva productos de carácter ecológico y que presenta, por primera vez en Bioterra, sus «postres frescos de soja», que son como yogures, pero como apuntaba Tanguy Berthou, «no tienen leche, por lo que tampoco colesterol». Cuando se conoce ese dato, probar cualquiera de los sabores ofertados da pie a preguntar de dónde sale entonces ese sabor tan intenso. y la respuesta es contundente. «Aunque en España empezamos a distribuirlo hace seis, llevamos 25 años produciendo y mejorando continuamente este producto».
La que introduce una nueva posibilidad en la comida rápida casera es la empresa vasca Taloak. Esta iniciativa empresarial se encuentra en su primer año de actividad con una idea de oferta sencilla y atractiva. Comercializar talos. Desde enero los venden precocinados para terminar de preparar en casa o rellenos de queso justo para pasar por la plancha. «Éstos productos en invierno nos han ido muy bien», explicaba, «y ahora vamos a lanzar la talo-pizza. Hace una semana la empezamos a vender en formato convencional y en Bioterra lanzamos la versión ecológica. Las sensación que tenemos es que la gente ha acogido bien la oferta».
Pero no sólo de comida se alimenta Bioterra. Hay, ropa, utensilios y propuestas para mejorar tantísimos aspectos de la vida; hasta el punto de presentar ofertas para utilizar estructuras ecológicas en las construcción, desde el esqueleto del edificio hasta las propios muros, que Biohaus Goierri propone construir con los llamados, «entramados ligeros».
«En vez de piedra o ladrillo, entramados pesados, ofrecemos la posibilidad de emplear otros materiales». Sorpréndanse si quieren, porque, insertado en un soporte de madera, el grueso de la responsabilidad de proteger la casa del inclemente exterior, recae sobre el papel que tienen entre manos. Triturado y mezclado con sales de Borax, el papel de periódico se convierte en un aislante de máxima efectividad, repelente de roedores y altamente resistente al fuego. Combinado con las placas de fibra de madera, «que impiden la entrada del calor en verano mejor que el poliespán y el resto de materiales habituales», éste es sistema es tan efectivo o más, según sus distribuidores, que el tradicional del «entramado pesado». «El mayor problema», dicen en Biohaus, «es la reticencia a usarlo por aquello del cuento de los tres cerditos». Pero esto no es un cuento. En Gipuzkoa ya hay constructores y vecinos que han apostado por sistemas ecológicos como éstos «y de momento nadie se ha quejado».