SAN SEBASTIÁN. DV. Si Gipuzkoa fuera un Estado, este año figuraría entre los quince con mayor producto interior bruto (PIB) per capita del mundo y entre los diez con mejor desarrollo humano. Sin embargo, la globalización avanza a tal velocidad que el territorio foral está obligado para preservar su bienestar y desarrollo a un ejercicio permanente de adaptación al cambio. Una transformación que, por ejemplo, significará que en el año 2050 los guipuzcoanos nacidos en el territorio histórico tendrán una edad media de entre 55 y 60 años; es decir, la inmensa mayoría de nuestra fuerza de trabajo será de origen inmigrante. Este escenario prefigura una Gipuzkoa que deberá gestionar, entre otros retos, un conflicto identitario de envergadura.
Estas y otras cuestiones fueron las que ayer expusieron en el foro Gipuzkoa ante el nuevo ciclo. Una mirada desde la aldea global organizado por la Diputación Pedro Luis Uriarte, ex vicepresidente del BBVA; el antropólogo norteamericano William A. Douglass, y el diplomático Ion de la Riva, director general de Casa Asia.
El diputado general, Joxe Joan González de Txabarri, sintetizó su posición con «el convencimiento de que Gipuzkoa tiene que mirar a lo que se desarrolla en los países mas avanzados del norte de Europa».
Uriarte explicó durante su intervención en el parque de Miramon ante representantes de la sociedad guipuzcoana que el territorio histórico ha dado «un salto de gigante, como consecuencia del trabajo de la ultima generación, y está en una posición envidiable: este año tendrá un PIB per capita de unos 32.500 euros, y un índice de desarrollo humano (renta, educación, esperanza de vida..) entre los diez primeros».
Este diagnóstico debe atemperarse, a juicio de Uriarte, con la conciencia de que el mundo se transforma un ritmo vertiginoso y la realidad de que «el conocimiento se está concentrando en un área de 1.000 millones de personas, y nosotros estamos en la periferia de esa zona, sin llegar a entrar decididamente. Así, estando en una muy buena situación, no estamos entre los mejores».
De la periferia al centro
Visto el futuro como una oportunidad más que como una amenaza, el que fuera en su día principal negociador de la recuperación del Concierto Económico (1980) esbozó una batería de «recomendaciones» para no perder el paso en un mundo que se globaliza sin pausa.
Una de las principales, que el territorio debe emprender «un esfuerzo gigantesco para generar conocimiento, no para entrar en la sociedad del conocimiento, sino para generarlo, es decir, ciencia y tecnología». En ese sentido defendió el valor estratégico de infraestructuras como las redes de transporte de conocimiento.
También predicó un mejor posicionamiento exterior de las empresas porque «en estos momentos, Gipuzkoa, -el País Vasco, España- es una economía periférica en la UE, porque el centro económico y político se desplaza hacia el Este».
En el plano político, Uriarte enumeró como «desventajas competitivas» el lastre que representa el terrorismo de ETA, que debe desaparecer y conseguir «un grado de impregnación del factor político en la vida cotidiana similar a otros países de renta equivalente; y terminar con la fragmentación de un proyecto global del País Vasco «en tres proyectos diferenciados en tres territorios».
La evolución demográfica determinará, por otra parte, algunas de las cuestiones esenciales a las que deberá hacer frente la sociedad guipuzcoana: «Hemos de pensar profundamente -dijo Pedro Luis Uriarte- en las consecuencias de un mundo que crece exponencialmente mientras los guipuzcoanos somos una población vieja. En 2050 la edad media de la población autóctona guipuzcoana se situará entre los 55 y 60 años, y eso significa que hay que emprender un esfuerzo descomunal para integrar una emigración masiva que vendrá de otros países y culturas».
Ion de la Riva, director general de Casa Asia y embajador en misión especial para el Plan Asia-Pacífico, sostuvo a su vez que Gipuzkoa y Euskadi necesitan un centro de estudios internacionales que sirva como plataforma para buscar salidas hacia Asia e integrarse en proyectos internacionales de la Unión Europea.
«Síndrome de la ostra»
A su juicio, los guipuzcoanos no somos ajenos a cierta endogamia que denominó como el «síndrome de las ostras», si bien también dijo que la negociación del proceso de paz «abre ventanas y puede canalizar energía nueva hacia el proceso de internacionalización». Si se consigue la paz, se pueden lograr «perlas importantes», apostilló.
De la Riva animó al sector económico a aprovechar los instrumentos que ofrecen el Estado y la UE para abrirse al exterior y enfatizó que se tiende a mirar a Estados Unidos y América latina, cuando el «motor de la globalización» es Asia, «que es la que está transformando el mundo».
«La dimensión asiática supera con mucho lo que se puede hacer individualmente, y Gipuzkoa y Euskadi deben tener su posicionamiento en Asia», prosiguió, aunque sin caer en el «simplismo» de ver el gigante emergente sólo como «una oportunidad de negocio», porque también es la fuente «de las mayores amenazas»; la mayor, el denominado «arco de crisis nuclear» que perfilan Palestina, Irak, Irán, Afganistán, Cachemira y Corea del Norte.
De la Riva añadió que Euskadi no puede competir sola en una situación mundial de estas características y le conviene hacer una reflexión «en consonancia con los programas que ofrecen el resto de España y la Unión Europea».
Por ello abogó porque Euskadi disponga de un centro de estudios internacionales que facilite el camino para salir del «ostracismo» y preparar a los guipuzcoanos que quieran salir al extranjero, sea por la vía diplomática, la de las oenegés, la empresarial o la científica.