Es una ocupación en toda regla. Catorce mujeres, siete hombres y algún que otro niño ocupan a media tarde la pequeña calle Iñigo. La acera, parte de la calzada y lo de más allá.
Aguardan de pie, relajados estos días de sol y encogidos los de lluvia, a que se abra la puerta lateral de la sede del Orfeón Donostiarra. Menos mal que es una calle de pocos transeúntes porque el grupo cierra el paso a cualquiera.
Por fin, la puerta lateral se abre y salen a toda velocidad niños de diversas edades, canturreando la obertura de Carmen o hablando de la danza del sultán. El lío de las actividades extraescolares, ya saben.