La cita era a las 5 de la tarde en los bajos de su local de Pressing, de artículos para piscinas en Isabel II. Gasca estaba en su modesto despacho, con un poster como único elemento de decoración, y mientras charlábamos se oía un golpe seco repetitivo, como si alguien estuviera pegando en el suelo una y otra vez. «Le tengo a Estornés lanzando tiros libres en el bajo», me dijo. En efecto Gasca había colocado en el almacén una canasta contra la que lanzaba uno de los bases del equipo. «Es una sesión privada de entrenamiento para que afine la puntería», me dijo sonriendo.
Con aquel ra-ta-plan de fondo hablamos de baloncesto. Gasca insistía en que el futuro era la liga europea y que si no se formaba una potente asociación de clubes en España -como la actual ACB- las ligas nacionales perderían todo su peso porque la liga española se les quedaría pequeña a los grandes clubes.
Gasca era un adelantado, pero sabía distinguir las escalas. «En Gipuzkoa nunca deberían faltar lanzadores de atletismo y baloncestistas. Son deportes que van con nuestro físico y con nuestro caracter. Muchos chicarrones se los lleva el deporte rural porque les asegura un pronto beneficio y popularidad, pero debemos perseverar en busca de valores para el baloncesto. En cuanto a la afición, si se ofrece un buen espectáculo, responderá. Llenaremos lo que haga falta porque la gente de aquí es muy polideportiva no sólo futbolera. Gracias a la televisión francesa hemos visto grandes competiciones de ciclismo, rugby, atletismo... El remo y la pelota arrastran miles de personas. Y esa cultura polideportiva se nota».
Unos meses más tarde volví a quedar con Gasca en su garito. Ir a ese local era una caja de sorpresas. Desde la calle se oían aplausos, pitos, broncas... ¿Qué estará haciendo ahora este hombre?, pensé. Probaba una cinta magnetofónica porque iba a poner unos altavoces en Anoeta para que sus jugadores entrenasen con el mismo ambiente infernal que les esperaba en un partido decisivo en Tenerife. Creo recordar que su equipo ganó en Canarias y que el resultado fue muy corto (¿52-55?).
Gasca se fue demasiado pronto, no pudo ver cumplidos algunos de sus sueños y seguramente se evitó muchas decepciones. Pero su recuerdo ha perdurado no sólo en el nombre del polideportivo sino también en la historia del deporte guipuzcoano. No pude evitar su recuerdo al ver rebosante el polideportivo con el público desbordado incluso hasta el frontón con una pantalla gigante. Sin duda, Gasca estaba también en la grada.