SAN SEBASTIÁN. DV. En el prólogo de La sombra de Fausto, Alfonso Sastre utiliza el término «ensayela» para definir y ubicar de alguna manera un proyecto que su autor, Fito Rodríguez, califica a su vez de «experiencia literaria transgenérica». Podría decirse también que la obra -trasladada del euskera al castellano por el propio autor- es un producto de la hibridación entre la novela y el ensayo, en el que Fito Rodríguez se sirve de la ficción para reflexionar sobre una amplísima gama de cuestiones que van de los límites y la crisis de la modernidad a la historia, la identidad, el papel de la ciencia...
Fito Rodríguez, profesor de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la UPV, avanza mediante La sombra de Fausto por un camino en el que ya se había adentrado en obras anteriores. En esta ocasión, ha tejido su propuesta con dos hilos que se entrecruzan a lo largo de todo el libro: dos supuestas cartas que Juan José Elhuyar escribió a su hermano Fausto desde Bogotá en 1790 y 1796 y el «video-diario» -otra forma de expresión epistolar, al fin y al cabo- que un joven «erasmus» finlandés graba en Euskadi entre la víspera de San Sebastián y los sanfermines de 2002. Ambas voces, así como las historias que trasladan al lector, proceden de dos momentos históricos clave -la Ilustración y el tiempo actual-, que marcan el origen de la modernidad y su crisis.
La carta de Juan José Elhuyar plantea una visión insólita, aunque en absoluto inédita, de una iniciativa tan típicamente ilustrada como la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País. Las líneas ficticiamente atribuidas al mayor de los Elhuyar aproximan también al lector a la interesante y para muchos desconocida peripecia vital de los descubridores del wolframio.
El joven Werther, un lapón que se reconoce como tal en Euskadi, enriquece la trama novelística con una serie de avatares relacionados con la posesión de las viejas cartas, y plantea de manera explícita algunas de las reflexiones que constituyen la vertiente más ensayística. Y sobre los personajes, sus historias y sus reflexiones planea la sombra del Fausto de Goethe, con una presencia que va más allá del mero guiño anecdótico.