Martes, 23 de mayo de 2006
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CRÍTICA DE TV
Bochorno
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Casi cinco millones de espectadores siguieron el sábado el festival de Eurovisión: un 38,9% de la audiencia. Es una cifra altísima. Y lo bastante representativa como para que TVE deje de meter la pata en este asunto. Porque, hombre, no pedimos ganar, que ya sabemos que aquí las votaciones funcionan por criterios étnicos, demográficos y de vecindad, pero tampoco es preciso hacer siempre el ridículo, ¿no? En las actuales circunstancias de Eurovisión, quedar entre los diez primeros es un éxito; quedar entre los quince primeros, un resultado aceptable si la canción es objetivamente buena, y quedar entre los cinco últimos es un fracaso sin paliativos. Y esto, el fracaso, es precisamente lo que ha pasado en los dos últimos años. El piadoso deseo de aplacar la vergüenza, como quien cubre con un manto al Noé ebrio, lleva a algunos a atenuar el desastre: es lo de siempre -nos dicen-, llevamos muchos años así, esto no hay que tomárselo en serio Pero, si no nos lo tomamos en serio, ¿para qué vamos? Cinco millones de espectadores merecen que RTVE se lo tome en serio. Y por otro lado, no es verdad que llevemos muchos años así: entre 2001 y 2004 obtuvieron resultados aceptables David Civera (sexto), Rosa (séptima), Beth (octava) y Ramón (décimo).

Rosa, Beth y Ramón venían de 'Operación triunfo', concurso utilizado por TVE para escoger a su representante. Aquel procedimiento fue muy criticado por los profesionales de la canción, 'el sector', porque ignoraba a los que llevan toda la vida en los escenarios y privilegiaba a unos recién llegados. El reproche tenía fundamento, pero al año siguiente, cuando TVE hizo caso al 'sector', lo que salió de allí fue Son de Sol y Las Supremas de Móstoles. ¿Por qué? Porque los profesionales de calidad hace muchos años que no están interesados en presentarse al festival de Eurovisión. Frente a eso, el procedimiento de 'OT' tenía, al menos, la ventaja de presentar candidatos que habían obtenido el respaldo de los telespectadores. Nadie puede exigir a RTVE que, en las actuales circunstancias, gane este festival. Pero, al menos, podemos pedir que sus derrotas no sean tan justas e inapelables. Por vergüenza colectiva, más que nada.



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