BERLÍN. DV. El día más importante de la historia reciente de Montenegro concluyó con la victoria de los partidarios de la independencia. Pero, a pesar del triunfo y la decisión de la comunidad internacional de reconocer la voluntad popular, la pequeña república aún debe hacer frente a una serie de obstáculos para proclamar definitivamente su separación de Serbia.Antes que nada, Milo Djukanovic tendrá que acometer una crucial ronda de negociaciones con Belgrado para formalizar la separación. El Gobierno serbio, por el momento, guarda silencio, y el principal periódico del país, 'Polítika', ya ha cuestionado la victoria de Djukanovic y nadie sabe aún cuál será la posición que adoptará Vojislav Kostunica a la hora de establecer la segregación en temas tan complicados como la deuda, las propiedades federales y la separación del Ejército.
Djukanovic también deberá someter el resultado del referéndum al Parlamento montenegrino para que la consulta popular se convierta en ley. Pero una reforma de la Constitución necesita de una mayoría de dos tercios, que sólo puede ser alcanzada con los votos de los diputados que se opusieron a la independencia.Si las formalidades políticas no encuentran obstáculos, Montenegro podrá buscar el reconocimiento internacional y solicitar su ingreso en Naciones Unidas y otros organismos, además de allanar su camino hacia su objetivo de integrarse en la Unión Europea. Pero su independencia también pondrá a prueba su capacidad para desarrollar un sistema económico viable y llevar a cabo una serie de reformas que le exige Bruselas como condición para una eventual incorporación.
La economía de Montenegro, que sufrió en la década de los noventa, junto a Serbia sanciones internacionales por su papel en la guerra de los Balcanes, floreció en la última década gracias al mercado clandestino y al contrabando de tabaco.
Desde el domingo, Montenegro depende de sí mismo y ya no podrá responsabilizar a Serbia de todas sus miserias. Durante años, Milo Djukanovic acusó a la república balcánica de sofocar a su país y de bloquear su progreso económico. Todo esto acabó gracias al 55,4% de los electores, que parece han puesto fin a una unión que ha durado 88 años.
Dos milenios
Montenegro ha pertenecido a lo largo de dos milenios a sucesivos imperios y Estados, desde el Imperio Romano en el siglo II antes de Cristo, hasta la confederación de Serbia y Montenegro.
En la Segunda Guerra Mundial, el país fue invadido por la Italia fascista y posteriormente por la Alemania nazi. El 6 de enero de 1945, Montenegro fue liberado por los partisanos comunistas y pasó a pertenecer a Yugoslavia como república federada socialista. Fue entonces cuando la capital se traslado de Cetinje a Podgorica, que durante un tiempo fue conocida como Titogrado en homenaje al presidente Josip Broz Tito.
Tras la guerra de los Balcanes (1991-1996), Montenegro y Serbia se unieron en la nueva confederación de Yugoslavia, y ambos sufrieron por igual las sanciones establecidas por la ONU por las atrocidades de la guerra en Bosnia y Herzegovina. En esas circunstancias empezaron a crecer los ímpetus secesionistas, en buena parte atizados por los conflictos del resto de la antigua Yugoslavia. En febrero de 2003, Montenegro pasó a integrar con Serbia la federación de Serbia y Montenegro , con fuerte autonomía para ambas partes en cuestiones económicas, militares e interna cionales.